Porque anoche, cuando estábamos en la Imprenta, ocurrió un encuentro mágico, algo que hace suponer la existencia de algún ente muy poderoso, de una deidad monoteísta, panteísta, resurreccionista, coleccionista, comunista, poderosista, porque ayer, entraron en contacto dos de las personas más influyentes de la noche salmantina. Ayer cruzaron sus caminos El Zapatilla y Chuchi el Chustas.
Del contacto físico de tan privilegiados seres sólo podía surgir una fuerza de descomunales proporciones. Al rozarse estas dos personas, estos semidioses quisiera decir, y aún me quedaría corto, una sacudida hizo temblar todos los cimientos de aquel antro, y una luz blanca irradió desde la posición en que se encontraban, y cual dádiva sagrada tocó a todos los presentes, proyectándolos hacia un estado de gracia mental, hasta un lugar divino sólo reservado para los héroes y Richard Nixon. El halo resplandeciente que envolvía a aquellas dos figuras aún tardó varias horas en desaparecer, y ya al final de nuestra estancia en el bar, cuando salíamos, todavía podíamos sentir el hálito divino que emitían el Zapatilla y el Chustas, dos personas que si aún no les han dedicado un medallón en la plaza Mayor, es porque Ellos no han querido.
Todo esto viene a cuenta de que ayer anduve con Chuchi (Chustas no, el pelos, nuestro Chuchi, vaya), y otras personas (Bolche, Toro, una gótica siniestra con unas legañas pintadas hasta la mejilla y una que sabía alemán y decía cosas como árbol ideológico o poesía concreta) nos acercamos hasta el parque de la Merced para ver los fuegos artificiales que daban inicio a las fiestas de Salamanca, famosas por el “Mundial, Más y mejor circo” que viene cada año a nuestra ciudad a presentar espectáculos tan multiculturales como el Ligre, el Hombre dentro de una botella, y Miss Aurori la Reina del Circo, espectáculos que como suponéis, ni se acercan siquiera a la magnitud del encuentro Zapatilla-Chustas. A destacar las casetas anejas a la Casa de las Conchas donde te tomas los pinchos y te vas sin pagar (la verdad es que nos invitaba Alex, un amigo de Toro, uno grande con el pelo rizado, seguro que le conocéis). Ah, también estuvieron Diego y María. Interesante, ¿verdad?

Como no dispongo de una foto del momento estelar (y aunque hubiera tenido una cámara la fuerza de aquella imagen no sólo me hubiera deslumbrado a mí, sino también al objetivo de la cámara), echo mano del archivo Nochevieja 04-05 para mostrar una foto de ese paquidermo espiritual, ese adalid y transgresor de una época, faro y guía de la intelectualidad de San Justo, el único, el irrepetible, Chustas Redentor, Chustas Washington, el mítico Chuchi-Chustas.
En otro orden de cosas, sin duda mucho menos espectaculares, habría que citar la Bar-B-Q realizada en mi casa el jueves 25 de Agosto, y por la que al día siguiente mi madre lloraba al ver las baldosas del jardín sin su habitual brillo y limpieza. Asistieron todos los conocidos que en aquel momento estaban en Salamanca, y lloramos la ausencia de otros tantos, como la Rákel (que estaba en... ¡Burgos!), Txutxi (que estaría purgando sus penas entre picos y birras), Victor y Poca (quienes se encontrarían en peregrinación y viaje de estudios en Marinaleda), Havi (que no hace falta decir con quién estaba), Luis Carlos (que estaría con Benedicto), y así podría seguir durante horas, o incluso un par de minutos. Y ahora, antes de irme, les dejo con unas fotos del evento.




1 comentario:
Bruño, Bruño, eso es prosa, si señor. Por un momento he sentido ese "tambos" ese terror reverencial ante la aparición del ser divino, algo parecido al sentir la presencia de Démeter en Eleusis...
Aparte, jode que BBQ, me gustaria haber conpartido con vosotros esas conversaciones, seguro que sobre lo divino, lu humano y lo banal, incluso en compañía de Viti podriamos haber admirado la importancia del pensamiento de Derrida. En fin gracias por acordaros de mi, pero ya penas ahogo pocas, ahora solo ardo en deseos de volver a las riberas que hace meses me vieron partir.
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