Siempre es lo mismo. Al final del túnel, la luz. Al final de la estancia, la nostalgia, ahí queda la promesa del retorno. Aves migratorias, repiten su itinerario año tras año, pasan por los mismos lugares siempre durante la misma época. ¿Sienten nostalgia? Yo soy el ave. Al final del túnel, la luz... oy el ave. Al final del túnel la luz... el ave. Al final del túnel...
La luz me ciega. Siempre es lo mismo. Tras cuatro kilómetros de casi completa oscuridad (no en vano lo llaman el Negrón), el súbito resplandor de la superficie hiere mis pupilas, y éstas se contraen (puro reflejo), se cierran rápidamente, pues dentro del túnel se habían abierto todo lo que podían abrirse, buscando un fotón que llevarse a la retina. Y un segundo después, recobras la visión, es sorprendente la sensación de entrar en el Principado de Asturias, es otro mundo, una bruma pegada a las montañas difumina los duros rayos del sol (entonces te das cuenta de que ese súbito resplandor no es más que una leve claridad comparada con lo que habías dejado antes de entrar en el vientre de la gran montaña), el verde se superpone al gris que se superpone al azul que se superpone sobre la mano del hombre, una mano intangible, inasible, sin embargo se ven construcciones levantadas por esa mano, el propio asfalto que amputa los montes no daña al paisaje, no hiere ese paraíso natural, nadie puede, es Gaia, a Gaia sólo la puede el agotamiento entrópico del universo.
- ¿Te pasa? ¿El tequila te pasa?
- Eh...yo creo que me pasa.
- Que si te gusta... Tú no eres de aquí, ¿verdad?
- No, soy de Salamanca. Y sí, el tequila está suave.
La persona que tan locuaz se mostraba aquella noche es Socorro, una gorda mexicana que tiene una tienda de ropa en Ribadesella. Aquella es una de las noches más surrealistas que he vivido en Asturias. Resulta que fui invitado a un cumpleaños de la prima de una amiga de mi amiga Laura. Laura es la primera amiga que tengo en Ribadesella, la conocí este año en una de esas sesiones claustrales en las que el rector nos aburre durante horas hablando de presupuestos. Laura Aramburu, una pura contradicción, a pesar de su apellido es asturiana, sus padres tienen una carnicería pero ella es vegetariana, su tío Basilio da nombre y color a una sidra destilada en Arriondas, y sin embargo a ella no le gusta la sidra. Y como quien no quiere la cosa, me vi acoplado a un extraño cumpleaños celebrado en una aldea cuyo nombre no figura en los mapas, Meluerda, al lado de Collera, a 3 kilómetros de Ribadesella.
En un antiguo establo de una casa rural nos encontrábamos la cumpleañera, de nombre Anais (sí, Txutxi, sí, se llama Anais, y no es francesa, es de Ribadesella), una guapa muchacha que trabaja en la tienda de ropa de la mexicana, un amigo “íntimo” de la chica llamado Saúl, la mexicana, su hija de dos años, un amigo del padre de la niña, también mexicano, que resulta que es el sobrino de la cantante (también mexicana) Talía, la prima de Anais, y su amiga, y el amigo de su amiga (osea, Laura y yo, aunque Laura también es amiga de la prima de su amiga, es decir, de Anais), la tía de Anais, también tía de su prima (de nombre Elena, me refiero a su prima, no a su tía) que había cocinado unas deliciosas salchichas, costillas de cerdo, y chorizos fritos (no os creáis que el cumpleaños era un botellón, era mucho mejor, comida y comida, al más puro estilo Fabada Litoral), otra amiga de Anais y su prima y Laura (¿adivinan? Mexicana también) llamada Marcela, y tres silenciosas chicas que creo que estaban allí porque conocían más a la mexicana por haber cuidado de su hija, que a la cumpleañera. Suena complicado, ¿verdad? Todo eso se riega con unos chorritos de tequila (una botella entera) y unos culines de sidra, limón de la huerta y una pizca de sal, se cuece a fuego lento con rancheras cantadas por mariachis y boleros de Luis Miguel, y ahí lo tenemos, un cumpleaños en el que lo que menos importaba era si conocías o no a la persona que celebraba la fiesta.
- ¡Échenle limón para que arda! – gritaba Socorro poco antes de irse.
- Socorro, no se te olvide el disco – le recordaba Saúl con sorna (es obvio que los discos de rancheras y de Luis Miguel eran propiedad de la mexicana).
- Y un poco de tequila para Salamanca – así es como pasé a ser conocido durante la noche y en días posteriores por un grupo de habitantes de Ribadesella, de origen español y mexicano.
- Pues a ver cómo bajáis mañana el Sella vosotros dos, no es bueno bajarlo con resaca
Y tampoco es bueno bajarlo con sol, ni con marea baja, ni con frío... Afortunadamente, el único inconveniente (por así decirlo) del descenso en canoa de la ría fue que la marea estaba bajando, y a veces encallábamos en las piedras. Nada que lamentar.
Al final del túnel, la luz. Al final del río, el descanso. Bajar el Sella en piragua es una de las experiencias más enriquecedoras espiritualmente que se pueden hacer. Es como cualquier reto que una persona se plantea, desprovisto de toda religiosidad, y sin embargo, se logra una fusión con el entorno, con el paraje, uno se vuelve verde, no me refiero a que te hagas grunge así de repente, es una metamorfosis para volverte parte de la naturaleza...hasta que ves colgados sobre los árboles que cuelgan sobre el río carteles que anuncian la proximidad de un chiringuito, y un atasco de canoas te hace desacelerar, parar el ritmo, entonces el entorno natural se transforma en playa de Torremolinos, y ves canoas con el padre, y la madre, y el niño sentado entre medias preguntando Cuándo llegamos Falta mucho y los hay que duermen la siesta sobre su pequeña barca de plástico, pero entonces aparecen peligrosas corrientes de agua que te arrastran rápidamente de forma redentora, tú solo (o con tu acompañante) contra la naturaleza, pero si eres condescendiente con ella, si tú no la dañas, ella no te hace daño a ti, es como si te pusieran a prueba, entonces el río se deja controlar (más bien la canoa, pero es sobre el agua que flota), dócilmente te estrellará contra una roca, pero hincas el remo en las piedras adyacentes, liberas la piragua, caes por los rápidos, y de pronto, vuelve todo a la tranquilidad, porque ya no oyes el bullicio de domingueros, porque has logrado controlar la canoa, has establecido la comunión con la naturaleza. Prueba superada.
Los graznidos de las gaviotas que proferían en sus vuelos rasos y la proliferación de hormigas aladas hacían presagiar una lluvia que se hacía de rogar. Y siguió igual, no cayó una sola gota de los saturados cielos, quizás porque no estén tan saturados como deberían, en cualquier caso sólo hubo una tormenta nocturna en los nueve días que allí estuve. Me cago en el cambio climático, y en la puta mano del hombre. Jodida mano, podía cerrarse en un puño y meterse por el culo del hombre, deberíamos tener el ano rojo de meternos las manos por el jodido culo, y aún cuando tuviéramos el puño en el ano, abrir la mano y desgajar tejidos del recto y de intestinos, deberíamos sacarnos las heces nosotros mismos con las manos, la jodida mano del hombre, maldito sea su cambio climático.
Dice mi madre que antes, hace años, no pasaban dos o tres días seguidos sin que lloviera, sin que un fino orballo te regara la cara. Ahora pueden pasar semanas, sobretodo en verano, sin que caiga una sola gota de agua.
Ni una sola gota de agua. Llego miércoles por la noche, ni una gota, jueves ni una gota, tampoco viernes, el sábado por la mañana llama Laura a una amiga de Gijón y nos cuenta que vendrá al día siguiente con sus padres y tres amigas suyas a bajar el Sella ni una gota de agua por la tarde me dice Laura que me invitan a un extraño cumpleaños de una prima de su amiga que también es amiga suya y ni una gota de agua el domingo viene Paula con sus padres y unas amigas suyas los graznidos de las gaviotas bajamos el Sella en piraguas de dos ocho personas cuatro canoas el vuelo raso el jueves volvió Paula a visitarnos a Ribadesella hormigas con alas en el suelo con gaviotas con alas en el cielo y agua con algas en el mar con alas en hormigas y gaviotas en el mar con algas que vuelan así y así y así y dan vueltas en el aire entre unas nubes que vienen de las montañas y desembocan en el mar y allí desaparecen se hacen trizas se extinguen en toda la superficie del cielo porque el cielo es una superficie muy pulida y muy fina y si no se cuida al final no llueve cuando tiene que llover Maldito Cambio Climático.
Paula y sus padres son de Gijón, con lo que inmediatamente te viene a la cabeza un calificativo: rojos. Y no me equivocaba. A Paula, mi segunda amiga asturiana, la conocí en idénticas circunstancias que a Laura, todos compartimos militancia en la misma asociación. Sus padres son unos tipos curiosos, según me contó que le contaron a ella, conocieron al Subcomandante Marcos y a su primo en un viaje que hicieron a Gijón, en una época en la que todavía ellos no habían comenzado su lucha y en la que todavía España no había salido de una dictadura.
- Ese siempre ha sido un sinvergüenza – decía el padre de Paula refiriéndose a Pío Moa – el GRAPO era un montaje de la ultraderecha, o de la CIA, para desestabilizar la democracia. Cuando estuvo en la cárcel, siempre se dijo que era un topo, un infiltrado.
- ¿Te acuerdas – rememoraba la madre de Paula – que encima de nuestro piso conocimos a unos que al final eran de la ETA?
- Y aquella del GRAPO, pero le habían dado una...que no se le reconocía la cara. La policía nos lo dijo a nosotros, a nosotros directamente.
- Probina, pero tampoco podíamos decir nada.
Estacionados en una calita a orillas del río, descansamos una hora de la travesía por el lecho del Sella para comer y hablar de que los de la SER de Gijón son unos fachas porque la SER compró esa emisora a Radio Rato (cadena de radio de Rodrigo Rato), de todos los que pasaron de una activa militancia de izquierdas a una numantina defensa de los valores más conservadores y feudales (Piqué, Pilar del Castillo, Jiménez Losantos,...¿y Pío Moa? “Ese siempre fue un sinvergüenza”).
El resto de los días en Ribadesella se pierden en el murmullo de las olas cuando rompen en la playa, en los graznidos de las gaviotas a las que la mano del hombre ha engañado, en el bullicio de la calle los miércoles día de mercado, en el eco de los pasos al caminar incansablemente en largos, interminables paseos (de casa a la Atalaya, de la Atalaya a Guía, de Guía a la Grúa, de la Grúa a la playa, vuelta a casa...), en conversaciones en el muelle...
...en el muelle está instalado un marino ruso, joven y rubio, que vende desde las típicas muñecas rusas que cuando las abres ves que hay otra idéntica en el interior, más pequeña, hasta viejas insignias soviéticas, efigies de Lenin, estrellas rojas... Un cartel dice: “Bergantín “Avos”, Capitán Valery Gladukov...” el cartel narra la historia del barco, que fue encontrado por el tal capitán en el 1989, recorrió toda Rusia por sus ríos, e inició un viaje hasta “Wietnam”, del que tuvo que regresar sin éxito ya que las tasas para desembarcar eran muy caras. Al lado del cartel hay un bote para donaciones, tiene dibujada una calavera, y debajo de ella, en vez de dos huesos cruzados como todo buen pirata, lo que se cruzan es una hoz y un martillo. El barco tampoco tiene desperdicio, en la proa un mascarón como una sirena, en la popa una especie de sombrilla de paja que parece sacada de un anuncio de Malibú, y a uno de los lados, una parrilla. En el interior, una mujer sostiene a un bebé en brazos...
...y así pasa el tiempo, mirando un puerto en el que ya no hay marineros que embarquen para ir a pescar, sólo unos cuantos barcos viejos amarrados, algún bergantín ruso mendigando, a lo lejos un moderno puerto deportivo, eso sí, para la jet set, pero los marineros hace tiempo que dejaron de hacerse a la mar, hace muchos años que la Lonja del Pescado cerró sus puertas, hace muchos años que no volvieron a sonar sus sirenas anunciando una nueva remesa de lenguado o de nécoras, tantos años como llevan graznando las gaviotas para que vuelva a llover como antes.
“ What
Makes a dream
So very different
From any other dream
Where is that
Straight line
That I can hold up
To the light
And say no!
This is not right
This does not
Stand up
In the light”
Hoy ha vuelto a cegarme la luz. Volví a cruzar el Negrón, el mismo trayecto, distinto sentido. Aves migratorias, soy el ave que regresa a su tierra. Salgo del túnel y la luz me ciega, tierras rojas de León, se pasan, quedan atrás, caigo sobre una alfombra amarilla e interminable, el sol abrasa. La luz vuelve a cegar, esa delgada línea que separa un sueño de otro sueño muy diferente. Siempre es lo mismo.