viernes, septiembre 23, 2005

The Earth

Hacía unos diez años que no cruzaba por la tierra. Me refiero a la tierra amarilla, la alfombra dorada, el campo sembrado que cortan estrechos caminos, esos caminos que remontan colinas y descienden en rampas que descubren amplias hoyadas, en ocasiones levemente perturbadas por alguna pequeña aldea a la que se llega siguiendo el mismo, inmutable camino. Aquellos tiempos sí que eran de bicicletas en verano, de cielos azules al llegar la primavera o de amenazadoras nubes que precedían a las tormentas. Sin embargo, toda esa imaginería (tan tópica por otra parte) había ido cediendo ante la monotonía de la ciudad, y en mi recuerdo se fue asentando la imagen de una Salamanca gris: cielo gris, edificio gris; en la distancia contemplaba un bosque de encinas que delimitaba la frontera entre este mundo y otro realmente vivo (y si esta dicotomía de la vida/muerte se pone de relieve a la altura de un plano visual (meramente espectrofotométrico), uno se pregunta si está vivo o está muerto, si lo que vemos gris es un mal sueño, una pesadilla, y lo que soñamos es de hecho el mundo real).

Y ahora, muchos años después, (una tarde de mediados de Agosto para ser exactos), decidí pertrecharme con un chándal y unas sandalias, y tomar la bicicleta para salir del ambiente opresivo que se respiraba en mi casa (es decir, para tomarme un descanso tras el estudio de las asignaturas que año tras año incluyen en el plan de estudios para destrozarme los veranos). Tomé la primera salida a la derecha, una cuesta ascendente, y una vez arriba, seguí subiendo, y cuando desemboqué en el punto más alto, se abrió ante mí un inmenso páramo, la frontera de mi mundo, un mar de espigas que una valla cortaba abruptamente. Llegué hasta el final de la calle, crucé una puerta de alambre, y salí a un estrecho camino, por donde subí hasta que los ladridos de unos perros infundieron en mí un sentimiento de respeto por la madre naturaleza que impidió por unos instantes que profanara con el neumático sintético de mi rueda la tierra yerma de nuestra provincia. No obstante, al comprobar con agrado que los ladridos provenían del interior de un recinto vallado por sus cuatro costados, reemprendí mi marcha sin ser consciente de lo que me depararía el destino en mi peregrinar.

Y lo que me deparó el destino no fue sino la remembranza de los cielos azules del verano. Entré de nuevo en el mundo sueño, y volví a recordar, como si la tierra hubiera asimilado la capacidad de la savia telúrica (el agua) de hacer realidad nuestros sueños (¿o es el sueño el que hace realidad nuestros recuerdos?), días de verano en los que se oyen cortadoras de césped, y las cosas son más grandes que ahora que uno ya ha crecido (algunos más y otros menos, pero no sólo me refería al tamaño), y los tejados de las casas reflejan la luz, y los árboles tienen hojas verdes, grandes hojas verdes, y en la pista los niños juegan al fútbol, pero los niños no eran tan niños entonces, eran amigos...

La tierra necesita agua, pero también necesita sangre. Uno por aquellos tiempos veía a los indios como malos (aunque personalmente las películas del Oeste que más me gustaban no incluían a los indios como malos, y muchas veces tampoco como buenos, simplemente no tenían más importancia que la de simples testigos o extras) que desbordaban al pobre John Wayne, sin darse cuenta de que ellos morían por la tierra, por su tierra. Y ahora uno se da cuenta de eso, pero John Wayne no ha dejado de ser un héroe, luchara contra quien luchara, él también se debía a la tierra, que conquistaba para los conquistadores. Pero no era un asesino, ni un fascista; los indios simplemente eran sus adversarios. Era un héroe.

Al pasar la finca de los perros, una colina sembrada de cereal se alza ante mí, pero el camino la bordea a lo largo de unos metros, y entonces, la ataca por sorpresa para subirla, y poder dominar el terreno inferior como si de una atalaya se tratase. Miro al frente, siguiendo el camino, y encuentro el bosque de encinas. A su izquierda, elevándose en otra colina frente a la mía, se alza el renombrado pueblo de Pelabravo, y a la izquierda de este unos montes que anticipan una orografía más escarpada, del otro lado de la carretera de Madrid, y más allá incluso, del otro lado del río. Para llegar a Pelabravo se puede tomar el primer desvío del camino hacia la izquierda, y volviendo a girar a la derecha unos metros más lejos para remontar la nueva colina, o bien uno puede internarse en el bosque. Cruzando un corto sendero descendente por entre una vegetación que, si bien no es demasiado escasa, denota un régimen muy seco nos llegamos hasta las ruinas de unas casas (Casasviejas), y volviendo a subir ahora por un camino prolijo en areniscas, jalonadas sus lindes por fantasmales encinas, se termina por desembocar en otro campo de trigo, cortado por el medio por un camino embarrado y surcado por pesadas cosechadoras. Sea cual sea el origen, nuestro destino es un camino pedregoso que a su derecha sostiene una plantación verde de maíz y a su izquierda...nada: vallas, cardos, tierra, tierra, tierra. Al final de la calzada, el pueblo.

...estiro una pierna, el talón va hacia atrás, la rodilla se dobla, vuelvo a estirar. La rueda trasera gira a varias revoluciones por minuto, son muchas más que las revoluciones por segundo, más que las revoluciones en una milésima de segundo, mucho más que un instante infinitamente pequeño. En ese instante, el caucho que rodea la cámara de aire penetra en la tierra, arena, barro (sílice, agua), y desintegra la eterna modalidad de los cuerpos materiales sólidos cediéndoles parte de esa ingravidez inmaterial que los suspende en el vacío durante ese instante, para acabar de nuevo sedimentando sobre los viejos restos del polvo que configura nuestra ciudad y nos configura a nosotros mismos (esto de tomar cada vez unidades de tiempo más pequeñas me recuerda a la paradoja de Aquiles y la tortuga, en la que el héroe aqueo aliado del comparsa Ulises perseguía a una tortuga, pero cuando llegaba a donde estaba la tortuga un tiempo antes, ésta ya había abandonado el lugar, y cuando volvía a llegar al nuevo lugar de la tortuga...ésta había vuelto a moverse, con lo que Aquiles nunca daba caza al animal más lento de todo el reino).

Desde aquella tarde en que volví a cruzar la tierra, la he recorrido ya muchos días, siempre por diferentes sendas, por arriba, por abajo, por la izquierda y la derecha, hasta Pelabravo y más allá, hasta Calvarrasa de Arriba y de Abajo. Y aún así, nunca podré abarcar ni entender todo lo que me dicen estos parajes. Desde Poniente, los últimos rayos dotan de una palidez crepuscular a la tierra, unos suaves tonos anaranjados luchan inútilmente contra la devoradora oscuridad, vano esfuerzo para escapar del destino, y estos últimos rayos solares perpendiculares a mi trayectoria desaparecen de vez en cuando engullidos por algunos solitarios árboles que anuncian la proximidad del bosque. Algunas nubes se han ido formando a lo largo de la tarde, pero contemplarlas desde la tierra han evocado, de nuevo, a días pasados, y más vivos que los cielos grises de ciudad de ahora. El pasado regresó en el mundo de los sueños, que se hicieron realidad, no por condescendencia del rey Océano, sino por cruzar el umbral de la tierra, cerrar un ciclo, acabar un verano viendo empezar otro.

Supongo que, con estas palabras, doy por terminada, al menos mi colaboración, en este foro veraniego. Hoy ya no es verano, aunque el Otoño se haga de rogar, y sin embargo, la tierra es la misma, la misma en Otoño que en Verano, la misma ahora que hace diez años, sólo hay que entrar en ella, siempre estuvo ahí, siempre fue esto. La tierra siempre fue Ulises.

miércoles, septiembre 14, 2005

recuerdos en el bolsillo

He aqui unos fragmentos de este ultimo mes, desde los picos norteños en torno a Humada, desde donde vi 80 kilometros de asfalto neblinoso, el arco iris en antiguas cumbres cántabras, un SanFermin protagonizado por ovejas de la ganadería de Martina o el útimo concurso de campaneros burgaleses...hasta el llamado zú, Cordoba: ciudad romana, emiral, califal, y por último bastión de Izquierda Unida, la degradación es más que evidente, y en esto llegue yo a la ciudad que me trató tan bien, pues bien, os dejo que os maravilleis con estos recuerdos.

os he cambiado esta foto porque a mi parecer ilustre mejor lo dura que es la vida del arqueologo...vida alejado del topico del "sir" sentado en su jaima del valle de los reyes, mientras una cuerda de dosciento egipcios acarrean miles de metros cúbicos de tierra. NO. además me toco subir a pulso porque las piernas no se me podian doblar para hacer pie. Profunidad: 6 metros

domingo, septiembre 11, 2005

Barbate: Atún y Chocolate

El verano por fin llega a su fin este 11 de septiembre, fecha agriducle, agria porque me recuerda la muerta de Salvador Allende, muerte amparada y financiada por los USA, los que ahora mismito no puede amparar y financiar la ayuda a sus compatriotas más pobres, aquello que no llegan a pagar la seguridad sosiá. Fecha dulce, ya os imaginais, por el severo escarmiento que recibieron en la puta cara los mismos de los que antes parlaba...
Pues así, sin comerlo ni beberlo me he replantado en Cadiz, más de un mes despues de mi última visita y habiendo vivido plenamente todo el tiempo transcurrido, desde ese inmortal fiestón en ca de silvy, donde acabé durmiendo con perraco más grande que yo, el particular regreso a la alcarria llamado Humada, la emigración al sur, a la Cordoba romana y califal...Donde por cierto en el mismo día coincidí con el último califa...si señores si ¡Julio Anguita! en persona, y con el despreciable Joan Gaspar irradiando vil metal desde su coche de lujo.
De las calles de la Judería, del arrabal de Saqunda me despedí con e pañuelo en la mano, dejando atrás muchos ammigos pero llevando conmigo todo lo aprendido y de lo que espero vivir algún día...
Pues volví a Cadiz y siguiendo empeñado en recorrer antiguos pavimentos, pisando antiquisismas losas y franqueando el umbral de mistéricos templos dedicados a Isis y a las deidades capitolinas, acabé mi verano en Baelo Claudia, puerta del estrecho frente a Tingis, actual tanger, como las dos jambas de la puerta del Mediterráneo. Desde allí podría suscribir lo que ya dijo Victor...el inmenso macizo del Rif, Abd-el Krim llamandome desde la otra orilla, Annual, Tanger, Chef Chaouen, todo tan cerca y a la vez tan lejos. Un baño de agua crsitalina nos separaba, con la arena a mis espaldas y el hogar de los pescados de plateado lomo... Y así fue como mi verano toco a su fin, con el astro rey reflejado ya mortecino sobre las aguas del estrecho, dos mil años de mi ciudad a mis espaldas y un pais entero tras ella y un continente entero antes mis ojos, un contiente por recorrer.
Me di la vuelta y clausuré este verano con un inmortal chapuzón y un recuerdo hacia todas las personas que de algun modo u otro han compartido mi camino durante este incesante periplo excavador.
Pronto estaré de nuevo en Salamanca y la novedad del curso pronto volverá a convertirse en rutina.

jueves, septiembre 08, 2005

La auténtica Cumbre

Anoche, sí, anoche, fuimos testigos de una de las experiencias más místicas, más suprarracionales, más telúricas que cualquiera de nosotros haya podido contemplar jamás, la mítica entre las míticas, una experiencia inolvidable, un encuentro que será recordado per secula seculorum, una cumbre que deja a la próxima reunión de los jefes de estado de Iberoamérica en Salamanca a la altura de un partido de fútbol de colegio, una experiencia que deja las impresiones filosófico-monacales de Victor en meras fantasías de bombero. Al borde de lo imposible, como Tiburonman, en el límite de lo improbable, como los Motoristas de la NASA, en la frontera de la ciencia ficción, como el Ligre o Grelión.

Porque anoche, cuando estábamos en la Imprenta, ocurrió un encuentro mágico, algo que hace suponer la existencia de algún ente muy poderoso, de una deidad monoteísta, panteísta, resurreccionista, coleccionista, comunista, poderosista, porque ayer, entraron en contacto dos de las personas más influyentes de la noche salmantina. Ayer cruzaron sus caminos El Zapatilla y Chuchi el Chustas.

Del contacto físico de tan privilegiados seres sólo podía surgir una fuerza de descomunales proporciones. Al rozarse estas dos personas, estos semidioses quisiera decir, y aún me quedaría corto, una sacudida hizo temblar todos los cimientos de aquel antro, y una luz blanca irradió desde la posición en que se encontraban, y cual dádiva sagrada tocó a todos los presentes, proyectándolos hacia un estado de gracia mental, hasta un lugar divino sólo reservado para los héroes y Richard Nixon. El halo resplandeciente que envolvía a aquellas dos figuras aún tardó varias horas en desaparecer, y ya al final de nuestra estancia en el bar, cuando salíamos, todavía podíamos sentir el hálito divino que emitían el Zapatilla y el Chustas, dos personas que si aún no les han dedicado un medallón en la plaza Mayor, es porque Ellos no han querido.

Todo esto viene a cuenta de que ayer anduve con Chuchi (Chustas no, el pelos, nuestro Chuchi, vaya), y otras personas (Bolche, Toro, una gótica siniestra con unas legañas pintadas hasta la mejilla y una que sabía alemán y decía cosas como árbol ideológico o poesía concreta) nos acercamos hasta el parque de la Merced para ver los fuegos artificiales que daban inicio a las fiestas de Salamanca, famosas por el “Mundial, Más y mejor circo” que viene cada año a nuestra ciudad a presentar espectáculos tan multiculturales como el Ligre, el Hombre dentro de una botella, y Miss Aurori la Reina del Circo, espectáculos que como suponéis, ni se acercan siquiera a la magnitud del encuentro Zapatilla-Chustas. A destacar las casetas anejas a la Casa de las Conchas donde te tomas los pinchos y te vas sin pagar (la verdad es que nos invitaba Alex, un amigo de Toro, uno grande con el pelo rizado, seguro que le conocéis). Ah, también estuvieron Diego y María. Interesante, ¿verdad?


Como no dispongo de una foto del momento estelar (y aunque hubiera tenido una cámara la fuerza de aquella imagen no sólo me hubiera deslumbrado a mí, sino también al objetivo de la cámara), echo mano del archivo Nochevieja 04-05 para mostrar una foto de ese paquidermo espiritual, ese adalid y transgresor de una época, faro y guía de la intelectualidad de San Justo, el único, el irrepetible, Chustas Redentor, Chustas Washington, el mítico Chuchi-Chustas.

En otro orden de cosas, sin duda mucho menos espectaculares, habría que citar la Bar-B-Q realizada en mi casa el jueves 25 de Agosto, y por la que al día siguiente mi madre lloraba al ver las baldosas del jardín sin su habitual brillo y limpieza. Asistieron todos los conocidos que en aquel momento estaban en Salamanca, y lloramos la ausencia de otros tantos, como la Rákel (que estaba en... ¡Burgos!), Txutxi (que estaría purgando sus penas entre picos y birras), Victor y Poca (quienes se encontrarían en peregrinación y viaje de estudios en Marinaleda), Havi (que no hace falta decir con quién estaba), Luis Carlos (que estaría con Benedicto), y así podría seguir durante horas, o incluso un par de minutos. Y ahora, antes de irme, les dejo con unas fotos del evento.

martes, agosto 30, 2005

In Colonia Patricia Corduba

Ave Cesar, morituri.... Desde los sotanos del laboratorio de arqueología de Cordoba, entre urnas funerarias, vasijas andalusies, y natatios romanas, plasmo estas reflexiones e impresiones sobre la ciudad andaluza más lejana del mar.
El calor es agobiante, me despierto empapado (de sudor, cacho cerdos), son ya 20 grados, y según mi destino sea la Universidad, el yacimiento de Sebas el porrero o el laboratorio, encamino mis pasos a traves de la judería, de la puerta de Almodovar o por las intrincadas calles de los antiguos arrabales califales.
Las calles rebosan de tiestos, de patios y de gupisimas y cachondas nenas, Joder a veces me doy cuenta de que soy un poco soez, pero ya lo remediaré a base de bastonazos cerveceros.
El otro dia estuve currando con una cuadrilla de gitanos muy simpaticos, en un arrabal musulmán, la verdad es que disfruté de lo lindo con tal gente, con uno estuve a punto de encontar una placa de marmol tallada, pero se quedó en placa de marmol a secas...^Por otra parte el jefe que era un chaval joven era super enrrollao y amante de Doble V y SFDK. Asi que despues de ayer por la tarde y unas horas en compañia del pieza, despendolao del hermano del catedrático quedaremos el viernes para tomarnos unas cervezas...[las cervezas nos tomaron por lo meno el mando...]
Desde el calor de Andalucia, su historia, su vida y su sabor, un saludo del reportero más ciego de alcó

domingo, agosto 21, 2005

En busca de Corocota

Sorpresa compañeros de vagabundeos. He tenido acceso al ordenador del alcalde de la Humada y voy a escribiros unas lineas que espero os enrtetengan tanto leerlas como a mi vivirlas.
Este ordenador tiene un nombre de Usuario, ese nombre es Pueblo, que bonito nombre. Casi es lo único que indica que la soberania reside tanto en el alcalde como en el pastor...a pesar de que este este casado con una cubana que vive en una cabaña en la montaña. Así es esto. Al abrigo de Los Ordejones hacia el sur y el Odra por el Norte el tiempo parece no tener ningun valor. Con una sensación de tiempo dilatado y de despreocupación por la vanalidad de la vida urbanita pasan las horas, horas que no existen, ya que aquí la propia vida, el sol y las ganas de comer, dormir o trabajar marcan el ritmo, y el paso de ese desconocido llamado reloj.
Por las mañanas, la diana o los acordes del My Sharona nos despiertan a las 6 ( no es broma) y antes de la aparición del Sol, ya estamos arriba. Arriba me refiero a la Ulaña, la ciudad del agua en el antiquisimo idioma Ibero...Para llegar "arriba" deambulamos aún somñolientos por San Martin de Humada, cargamos palas, picos, mazos, piquetas, carboneras, capazos, hierros, bolsas...y todavía sin saber si va hacer frio, calor, agua o viento. A las primeras personas que veo sin ser miembros de este equipo son los cazadores; tios que pertrechados con sus armas y sus perros salen o vuelven (siempre es un misterio) de recorrer las eras con solo un chaleco con balas. Y no amigos no, no se acojonan, ni se cortan si pasando nosotros con el coche tienen que pegar un tiro a la perdiz que sale del suelo...Verdaderos locos estos tios.
Al llegar arriba vemos salir el Sol en un horizonte que facilmente se encuentra a 80 km de distancia...en las estribaciones del Valle del Ebro. Y como un punto rojo nos acompaña toda la mañana y no calienta hasta despues de las 11. Cuando ya nos hemos zampao el bocata y recobrado fuerzas para volver al hoyo.
El hoyo al que me refiero es una sima, una grieta natural de 5 metros aprox. de profundidad que al estar cerca de una zona de viviendas protegidas por una muralla podría haber sido utilizada de basurero... o cualquier otra cosa. En esta zona nos metemos para protegernos de rachas de viento que ayer mismo despegaron del suelo una estructura de hierros que habiamos montado para protegernos a nosotros y a nuestros amigos los carretillos.
Desde que vimos esa grieta todo era espectación, interminables discusiones sobre la viavilidad y la seguridad de entrar en ella. Así pasaban los días, un tira y afloja de sies y noes, hasta que llego Eriberto "Eri" Porras. Este Porras, miembro de una familia de Porras (12 hijos Porras más madre de 90 años) que se tiraban por los desfiladeros con 5 años, y que se mete por las grietas con nada más que una cuerda y un casco de la 2ª GM.
Él dijo que se podía y el jefe vió la luz. Hoy Domingo los elegidos bajarían a la sima. Despejamos la entrada de cascotes, teniendo que partir uno con la maza e hizando su mole a continuación con una cuerda. La cosa parecía más o menos segura. Colas el doble de Corbacho así lo decía y hacía frente con Porras para bajar al hoyo.
Entre los pueblos de la zona se había corrido el rumar y la noticia de la existencia de una nueva sima, nueva porque ya se conocían otras en las que metían gallinas para ver por que abujero salían...Nuestras expeculaciones eran tan bien pintorescas, de pitorreo soñabamos con encontrar a Corocota y su piel de bisonte conteniendo el tesoro de los Cantabros...Este Corocota forma parte de la mitología cantabra como un Viriato, un Vercigentorix o una Boedicea...aunque en realidad solo fuera un bandido malhechor. De todas formas eso no lo sabremos.
Al grano, o más bien al hoyo, Porras bajó y triunfó, no porque encontrase a Corocota sino porque había bajado, sin caerse, sin hacerse pupa y sin destrozar el yacimiento...Luego bajé yo y se me cayó una paleta por una grieta a un metro de mi cuerpo. Casi me dejan encerrao, menos mal que la pudimos recuperar. Fue impresionante, debajo de toneladas de piedras, sin luz y con gietas a tu alrededor que se internan en las entrañas de Los Ordejones deseas no salir nunca, o por lo menos no por donde has entrado, recorrer simas, fosas, cubetas....Encontrar el Tesoro, ver el espiritu de Corocota en el petit Porras que esperaba en la entrada esperando entrar sin que le dejase su padre.
Esta tarde, lo que queda es esperar el final de día pensando en la semana vivida y la que queda por delante, esperando pasar las ovejas por delante de casa para saber que va siendo hora de cenar. Sin la necesidad de esperar una llamada porque sabes que el movil no tiene cobertura y sin poder ir a más sitio porque el pueblo grande (Villadiego) está a 20 km...
El privilegio de la despreocupación aqui es la moneda de curso. Las nubes pasan rápido y la calle a la que da mi ventana acaba donde empieza la ascensión, a pelo, hasta la primera plataforma del Ordejón, luego la pared vertical del castro. Veamos si antes de la puesta de sol, con el castro de Amaya recortado sobre el horizonte, llegó por lo menos a la mitad del camino.
Saludos desde la verdadera Castilla profunda. Corresponsal en la Humada

martes, agosto 16, 2005

The Water III


V – Recuerda...

La película de Hitchcock. Decorados de Dalí. Buñuel.

Los dibujos animados que vimos en el hotel de Amsterdam: Dos castores, uno de ellos se convertía en un bohemio y realizaba la película “un café andalou”. Se ve una mano con un café encima, luego hormigas en la mano... Me pregunto si los niños sabrían captar la ironía de aquella serie. Un camionero cantando Elvis. Janis Joplin gritando ante un hámster. Jim Morrison, el ángel de la guarda del pequeño Timy que necesita ayuda. Un pitufo llamado Nora bailando con unas tablas de madera a modo de zueco mientras canta una canción con la voz de Marilyn. La rubia en diferentes tonalidades, Warhol. Una conversación escatológica en la cocina de la residencia, Eli decía sinónimos de la acción de defecar. Diego también. Chuchi. Yo. “Obrar, cagar, hacer de vientre, giñar, evacuar”. Siempre surgen esos temas a la hora de la comida. La alemana aquella intentaba aprender la celebérrima expresión que Diego se encargó de propagar en nuestro viaje: “Chorizo de Vallejo, las tres primeras rajas no tienen pellejo”. Se llamaba Sofía, creo. “Peieha? ah, no, peiejo”. Carta narcótica desde Amsterdam. Aún no llegó. La metimos entre los tres en el buzón, delito conjunto. Molotov, sala de conciertos de Reeperbahm. Barbacoa, Chuchi se caga en todos los judíos porque el Eric se ha puesto borde con él. ¡Que no limpiamos, dice! Supone Chuchi que es porque ha llegado su hermana. Un viejo con un perro farfulla algo en alemán. Parece que nos riñe por hacer barbacoa al lado de la ventana. Es el dueño de la residencia. “You can open walls of mystery if you believe it”. Se ve llover desde la habitación del hotel. “Would you help me? Would you....would you really help me?”. El rey océano nos habla. Un tío en Leidseplein se cambia de ropa. Pone música. Hace malabares. Requiere la presencia de una persona. Tres jóvenes músicos interpretan virtuosamente a Stravinsky y Vivaldi y Bach con un xilófono, acordeón, y tuba. “Peace on earth. I love you”. Un clarinete y un saxofón. El tío del palo de lluvia en la Damstraat. Diego y su habitual catálogo de vulgaridades ante Cristina. “Cristina, estoy tan cansado, chúpame la polla”. I am the water. “Desnúdate encima de la mesa, Cris”. Documental sobre las amazonas. En alemán. Traduce Cristina. Originariamente parecen venir de los pueblos tártaros, Mongolia. “You can open...
“Would you help me...?
“Would you really...
I AM THE WATER

¡Despierta!

VI – El turista accidental (3ª parte)

Me desperté tras un sueño reparador. Dios, eran más de las 10, ya nos habíamos quedado sin desayuno. Sin embargo, yo no pensaba rechazar aquel mullido colchón, después de dormir casi una semana en la dura moqueta de la residencia. El día anterior, domingo, 31 de Julio, habíamos llegado en un vuelo desde Hamburgo a Barcelona. Diego llamó a su hermano para que nos dijera la dirección del lugar que nos había buscado para pernoctar en la ciudad condal. Resulta que, en principio, dormiríamos en la casa del hermano de Diego. Pero... sin saber muy bien las razones, discutió con la compañera y dueña del piso. Como trabaja en una escuela de español para extranjeros (EF), encontró una residencia de estudiantes donde alojan a sus alumnos, y nos reservó una habitación con ¡3 camas, nada menos!

Desde el aeropuerto, esperamos a un tren para ir hasta la estación de Sants. Mientras comemos unas galletas que nos había dado Silvia, a mi lado se sienta una sudamericana (que me pregunta si soy de allí y si me gusta y no sé qué más), y a su lado se sienta otra chica. Esta última le pregunta dónde está la calle Maestre Nicolau, y no tiene ni idea, pero Diego sí lo sabe, ya que nos dirigimos justamente allí. Así que en cuanto llega el tren, cargamos con nuestras maletas y con la guiri, y subimos. En la película de Lawrence Kasdan, el señor Leary es un tipo un tanto soso que escribe guías de viajes, y que tras pasar una crisis con su mujer, conoce a una chica simpática y algo loca de la que se empieza a enamorar. Nuestra particular turista accidental (o accidentada) pintaría más bien en una película de Fellini o en alguna pesadilla surrealista de David Lynch. Era muy fea, un retaco físicamente, y que iba enseñando la parte superior de un tanga por la espalda, prenda que acabó bautizando Diego como “el tirachinas” o “la máscara de Batman”. Pero no solo eso, la chica en sí era bastante torpe, no decía nada, y cuando hablaba no se le entendía porque debía tener una empanada en la cabeza de dimensiones considerables. La chica en cuestión era italiana, y poco tardamos en averiguar que se dirigía a la misma residencia que nosotros.

Arrastrando tan pesada carga, cogimos un metro en la estación de Sants, nos bajamos en la parada del Comte d’Urgell, y subimos hasta la plaza de Frances Maçià. Allí fue fácil encontrar, justo enfrente, la avenguda Pau Casals, gracias a una estatua del genial violonchelista, y en la primera a la izquierda encontramos la calle Maestre Nicolau. Entramos en el Colegio Major Sant Jordi. Y al cruzar la puerta, fue como entrar en el paraíso. Nos dimos cuenta de que la residencia estaba ocupada casi únicamente por mujeres, todas extranjeras, hermosas, de finos cabellos dorados o azabache que brillaban bajo la luz de los fluorescentes, guapas mujeres de ojos verdes y azules, que susurraban en preciosos idiomas. Y nosotros, sin afeitar, llenos de greñas, sucios, y con una italiana que debido a su torpeza no había visto un cartel enorme justo a la salida de la recogida de equipajes del aeropuerto que ponía: EF, foreign students.

VII – Ciudad Condal, Noroeste

Barcelona, la gran ciudad, deudora directa del modernismo. Su génesis, probablemente el barrio gótico, antiguo laberinto de calles, conjunto abigarrado de trazados sinuosos, rodeado por alguna muralla ya derruida. Bajando por la Rambla de Catalunya (¿o era subiendo?), a la izquierda se entra en una vía estrecha, que nos conduce a varias plazas, entre ellas la Plaza Real (la famosa plaza de las palmeras), o la plaza de Sant Jaume, tras pasar por debajo de un puentecito que une dos edificios, y que sortea una estrecha calle. Y bajando desde aquella plaza, a pocos metros, encuentras la catedral. Está en obras. Supongo que perderse en aquel laberinto puede llegar a dar alguna idea sobre el espíritu del barrio, en lugar de tomar la vía Laietana hasta el puerto. Alrededor de aquel antiguo barrio surge la Barcelona moderna, varias hileras de manzanas perfectamente recortadas, formando paralelepípedos completamente simétricos todos entre sí, y de punta a punta, una diagonal. Sus calles, nombres de ilustres catalanes, mucho más ilustres que los Joseantonios y Generalísimos que todavía resisten el paso del tiempo en algunas poblaciones. Sus esculturas, obras de artistas consagrados. Sus bustos, artistas que han dejado huella en la música, en la pintura. Hay un Pau Casals, no un Farina. Hay una plaza de Maçià, no un busto de Germán Sánchez Ruipérez. Hay un metro que pasa cada cinco, diez minutos a lo sumo. No cuatro autobuses averiados. Hay, en definitiva, otra forma de ser, puede que en otro idioma (que no deja de ser su lengua materna), no sé si mejor o peor, pero el caso es que ellos están a la vanguardia del país; nosotros en el culo del mundo.

En aquellos días, el hermano de Diego, siempre atento con nosotros, nos llevó de excursión, junto a nutridos grupos de guiris, por la ciudad. Primera excursión, el barrio gótico. Excursión que acabó en la catedral cuando comenzó a pintear y nos dimos cuenta de que el grupo de guiris con el que habíamos partido al principio había quedado reducido hasta su tercera parte, una pérdida que se había producido según avanzábamos por una calle en línea recta. La segunda excursión fue a la Sagrada Familia, (precedida de una visita por la mañana a la casa Batlló y la Pedrera) que sigue en construcción, aunque su fachada ya está terminada. Muy del gusto de Gaudí, pero entrar en el interior y encontrar todo vallado, con sacos de cemento y baldosas, no llama precisamente al entusiasmo. Por suerte, pudimos subir hasta lo alto de uno de esos cucuruchos que rivalizan en altura con los rascacielos de la ciudad. El último día, ya por nuestra cuenta y gana, visitamos el famoso parque Güell, cuya visión primera de sus hileras de palmeras y columnas rugosas hacía creer que estabas en algún oasis, no sólo geográfico, sino temporal, un remanso en el continuo espacio-tiempo donde habían quedado ancladas las columnas de algún templo, o la figura de un antiguo dragón.
Pero Álvaro no sólo nos llevaba de excursión, también nos sacaba a cenar por la zona de fiesta de Barcelona (el barrio de Gràcia, a pesar de ser un miércoles), en un local libanés que aún parecía oprimido por la influencia siria, o es quizás se trata de dos culturas muy parecidas, o yo no las distingo, todo puede ser. Siempre con su habitual salero, una y otra vez se burlaba Álvaro de mi militancia en CEA, de los comunistas, del gobierno, de los nacionalistas, de las leyes contra el terrorismo, del archivo, de...

Tardamos también un tiempo en comprobarlo, pero al final nos dimos cuenta de que dentro de la hermosura general que reinaba en nuestro particular paraíso, un grupo de chicas, a las que se unió nuestra amiga italiana, destacaba del resto por su extraordinaria fealdad, que llevó a Diego a bautizarlo como “Las taradas”, y a las que imaginaba en su conjunto cojas, tuertas, mancas, que avanzaban hacia nosotros renqueando, con sus bocas semiabiertas por las que resbalaba saliva y con los brazos estirados hacia delante. No fantaseaba demasiado, pues la torpeza de esas pobres diablas se ponía de manifiesto constantemente, como cuando la italiana, que llevaba colgada una máquina de fotos hasta las rodillas, se tropezaba por las escaleras, repercutiendo este golpe directamente en la cámara fotográfica. Pero el resto eran hermosas, lo cual me llevó a mantener una fuerte tensión con mis dos compañeros de viaje sobre la conveniencia de tomar un café junto al grupo de guiris, pero la cuerda no logró romperse, y tuve que ceder a no tomar aquel café, y regresar, los tres solos, a la residencia. Diego intentaba consolarme aduciendo que las chicas que habían ido a tomar el café eran las taradas.

El dios de las aguas y de los mares, Poseidón, es el hermano de Zeus quien, además de ser el dios que provoca las tempestades, es el rey de todos los dioses, el dios supremo, el que hace y deshace a su antojo. Y fue decisión de este último lanzar sobre nuestras cabezas el agua de los mares que le había tomado prestada a su hermano. Y aún a riesgo de incomodar a Júpiter Tonans, decidimos por nuestra cuenta y riesgo, tras finalizar la primera excursión, conocer la zona del Maremagnum, un moderno puerto deportivo al que se podía ir caminando desde la catedral, tras abandonar a los guiris y al guía-hermano de Diego. Y allí, mientras caía el agua, el rey océano dijo: “I’m the one that makes dreams real”, y un recuerdo me golpeó brutalmente, y comprobé la semejanza de aquel lugar, una plaza con adoquines rojos, dos edificios de cristalera negra a cada lado, el Mare Nostrum rodeándolo todo, con el paraje que había soñado días antes, en el que había encontrado a mis amigos, y en el que no comprendía el por qué de mi presencia en ese lugar. Y de pie frente a esas construcciones brillantemente oscuras, me volví a preguntar ¿qué hago yo aquí? Inútil respuesta, por el momento. Puede que Zeus, el que hace y deshace a su antojo, el puto amo del universo, sea el que hace los sueños realidad. O también es probable que se trate del Nuberu, un tipo muy feo con un gorro de ala ancha que cabalga por encima de las nubes, que decide dónde, cuándo y cómo va a haber una tormenta, y que muchos pueblos astures confundieron con el diablo, que día sí y día también trama maldades contra Dios y sus criaturas. No es de extrañar tampoco que este diablo, que a veces se introduce en nuestros sueños, sea el amo del infierno, Hades, el segundo hermano de Zeus. Sea como fuere, al día siguiente, justo cuando íbamos a subir a la Sagrada Familia, nos cayó la de Hamburgo, y no pudimos por menos que refugiarnos en el interior de la santa iglesia, hasta que cesó de caer aquella gigantesca columna de agua que cubría toda la ciudad, hasta que poco a poco, cedió de nuevo ante la luz, y ya al siguiente día cielo despejado, calor, despedida, tren, y vuelta al hogar, a la meseta, al Tormes.

VIII – Finale. Langsam

Lento. Las oscilaciones del tren apenas se notan, sólo notas el cosquilleo por debajo de tu cuerpo, como si el asiento del tren estuviera lleno de hormigas. Trayecto lento. Nueve horas Barcelona-Madrid. Lento como la transición entre el sol y la lluvia, entre la luz y el agua. Eterna lucha, entre la luz y el agua, entre el amor y el odio en los nudillos del predicador Harry Powell. Volvemos a casa...you can open walls of mystery, if you believe it...Europa está más lejos que nunca...would you help me? Would you...would you really help me?...La alfombra dorada de nuevo, el último viaje en tren Madrid-Salamanca, de nuevo la alfombra dorada, ¿dónde está el agua?...peace on earth, la eterna lucha entre la luz y el agua, el equilibrio perfecto, la eterna lucha no es una lucha, peace on earth, el equilibrio es la paz peace on earth el equilibrio es la paz entre la luz y el agua entre los nudillos de Harry Powell la eterna lucha es el equilibrio es la paz en el tren las oscilaciones es la paz es el equilibrio...
“Peace on earth. I love you”.

domingo, agosto 14, 2005

The Water II


III – El turista accidental (2ª parte)

El martes 26 de Julio se nos había acabado el albergue en Amsterdam, y teníamos que irnos a Hamburgo como fuera. Ya conté anteriormente que el Chuchi iba a volver solo en autobús, mientras Diego y yo nos teníamos que apañar con un tren. La cosa tenía miga, pues sólo había dos trenes, a las 5 y a las 7 de la tarde respectivamente, y el siguiente salía a las 7 de la mañana del día siguiente. El de las 5 era demasiado temprano, el de las 7 muy caro, (casi 100 € ), y esperar al siguiente suponía hacer noche en algún lugar que no estábamos dispuestos a pagar. Así que optamos finalmente por el de las 7 de la tarde. Primero bajaría hasta Duisburg, y de allí transbordo para tomar el que iba a la estación de Hamburgo. Nos despedimos de Chuchi con lágrimas en los ojos, ya que no le veríamos en las siguientes doce horas.

El tren que cogimos en Ámsterdam era increíblemente nuevo, moderno, rápido. Nos sentamos Diego y yo en una mesa, y ¡Oh, Fortuna, siempre despierta e implacable con los que de ti dudan!, nos tocó en suerte en la mesa de al lado a una familia digna de figurar en los anales del terror junto a los Monster y a la familia Adams. El padre, un gordo seboso que se dedicaba únicamente a fumar cigarrillos y a beber cerveza, y que cuando se levantaba parecía un mamut herido que se revolcaba en el barro. Su ruidosa respiración ante el más mínimo movimiento que ejecutaba me lograba sacar de quicio. Aunque no tanto como la hija pequeña, que se había hecho con un juguetito que cuando lo ponía en marcha no hacía más que sonar un único verso de “La Macarena”. Sí, La virgen de la Macarena, directamente de Sevilla en su tren holandés. Por supuesto, la niña no tuvo ningún tipo de inconveniente ni remordimiento en hacer sonar la cancioncita de “Los del río” durante todo el trayecto. El hijo era un degenerado que escuchaba “Fifty Cents” (el rapero ese que va con cadenas de oro) en unos auriculares a un volumen que se podía oír en cualquier punto del vagón de forma inteligible. Por último, la madre, que no hacía sino animar a su pequeño retoño a que se fumara algún cigarrillo de su padre.

Por fin llegamos a Duisburg, localidad que debe estar por el medio oeste de Alemania, cercana a la frontera con Holanda, y muy al sur de Hamburgo. Mientras esperábamos el ferrocarril, yo salí a ver qué era Duisburg (en realidad lo único que vi fue un montón de yonkis a las afueras de la estación y una gran carretera que debía llegar al propio pueblo), y Diego por su parte se hizo amigo de unos alemanes que iban a Polonia. El tren que tomamos esta vez era mucho más rudimentario que el anterior. Pero la compañía infinitamente más tranquila. Nos sentamos de nuevo en una mesa, justo enfrente de un tipo que era clavado al frutero de “7 Vidas”, con su bigote, moreno, cara alargada... Y aquí llegó el punto castizo de todo aventurero español: El bocata. Sacamos una barra de pan, un tarro de paté de atún, y nos pusimos a comer allí, en un tren, en mitad de la antigua Alemania Federal. Luego sacamos unos donuts de colores que habíamos adquirido en Ámsterdam a precio de oro, y le ofrecimos incluso al frutero, pero con un gesto los rechazó. Luego se levantó, se fue al bar, y trajo una pequeña botella de vino. Bebió un trago, y entonces, comenzó a hablar. Era un francés que llevaba viviendo en Alemania quince años, y hablaba con nosotros en inglés. Nos contó que había estado en Alicante hacía tiempo, y que le gustaba el modo de vida español, una vez había entrado en un bar en el que había una fiesta, solo, y comenzó a conocer gente. Habló sobre la mala suerte que trae matar a las arañas (a colación de la presencia de un pequeño arácnido subiendo por uno de los asientos del tren) “Spider at afternoon, good hope at the morning”, y que había votado no a la constitución europea (él se declaraba europeísta, pero decía “non” a ESTA constitución). También nos ilustró sobre la justicia alemana, la criticaba aduciendo que había demasiadas leyes sobre demasiadas cosas, en vez de tener una ley general y a partir de esta ir proponiendo reformas o extensiones. La conversación duró hasta el final del trayecto, unas dos horas. Bajamos juntos en la estación, nos llevó las maletas hasta un taxi, y le explicó al taxista la dirección a la que debía llevarnos, Wiesendam Strasse. Nos despedimos de aquel tipo, que tenía que ir ahora unos kilómetros afuera de Hamburgo, cerca de alguna playa. Realmente, de todos los viajeros que habíamos encontrado hasta el momento (y de los que vendrían después), el más atento y entretenido había sido este frutero, todo un símbolo de que la reconciliación (en este caso la germano-francesa) era posible, sobretodo con unas gotas de vino.

IV – Desde la ciudad-bosque de Hamburgo

Yo tampoco conozco París, y en Hamburgo sólo estuve tres días, así que no sé si es posible que tengan algún parecido estas dos ciudades, como decía Chuchi. Sin embargo, a pesar de la efímera estancia, Hamburgo se queda en el recuerdo como una ciudad verde. Dicen que es la ciudad alemana con más parques y zonas vegetales. Es posible, y no deja de ser sorprendente en la población con más dinero de Germania y uno de los puertos industriales más grandes del mundo. Metros, trenes, bicicletas, calles anchas. Lo de los atascos deben ser fenómenos paranormales en aquel lugar. El metro, cada cinco minutos disponible, recorría frecuentemente zonas abiertas de la ciudad, cruzando veloz por entre árboles y enredaderas. Y justo en el medio de la ciudad, un gigantesco lago, el Alster, rodeado de vegetación, de parques, una puerta abierta al cielo. En definitiva, una ciudad que ha aprendido a convivir con la naturaleza, demostrando que es, en parte, posible el mito del “desarrollo sostenible”, al menos a nivel medioambiental.

Pero Hamburgo tenía más. Es el lugar natal del genial Johannes Brahms, y también de Mendelshon. Es el lugar en el que se albergan algunas pinturas míticas. Y también escenario del ascenso a la fama de uno de los conjuntos mejores y más influyentes en la historia de la música: Los cuatro de Liverpool, Beattles. Recorrimos Hamburgo al segundo día de haber llegado, primero hasta la estación central, donde estaba una biblioteca universitaria y un gigantesco centro comercial. De allí se podía ir andando hasta el ayuntamiento, pasar por su patio con una espectacular fuente, hasta una iglesia derruida actualmente en reconstrucción, testimonio del paso de los pilotos de la RAF por sus cielos. Y unos cuantos metros más allá, se cruzaba un puente de hierro hasta una parte del enorme puerto que erige a ambas orillas del Elba. Barcos de altos mástiles y cargueros gigantes se recostaban sobre las aguas, paralelos a los muelles. Allí mismo tomamos un metro, y fuimos en busca de Brahms. Llegamos a otro lugar rodeado de parques, jardines, y estilizados edificios que albergaban salas de conciertos. Al final, en una tramo que estaba en obras, logramos encontrar el cubo de las cuatro caras del genio. Misión cumplida, podíamos volver a la residencia.

Aquella mañana habíamos dejado durmiendo a Cristina, que había llegado por la mañana de Berlín, y al parecer no había aprovechado la noche para entrar en el territorio de los sueños. Nosotros habíamos logrado despertarnos pronto, gracias a que el día anterior había transcurrido en una inacción propia de un Xaolín en su hora de meditación. Nos había despertado el Chuchi a su llegada en autobús, a las 7 de la mañana, le abrimos, y volvimos a dormir. Ese segundo sueño pude recordarlo, transcurría en una especie de plaza de baldosas rojas con fuentes, y un edificio moderno, con cristales oscuros en su fachada, al que se accedía mediante rampas en espiral, y cuyos pasillos quedaban abiertos al exterior. En aquel paraje me encontraba con muchas personas conocidas, entre ellos los pobladores de este blog, y no tenía muy claro por qué me encontraba allí, no sabía cuál era la razón de mi presencia en ese lugar.

Desperté entre sudores después de que Txutxi me hubiera recibido con los brazos abiertos en esa construcción futurista. Era mediodía, nos fuimos a comprar un montón de cosas, e hicimos la comida en la residencia. De momento sólo habíamos visto a una chica bajita acompañada de otro chico alto (la francesa anti-social y el escocés homosexual), y al judío checo Eric, que en un principio me pareció bastante agradable. Por la tarde, estando en la habitación, fui a por galletas a la cocina, y me encontré con una chica, a la que le ofrecí galletas en un correcto inglés. Ella respondió: “A mí me puedes hablar en español, que soy de Bilbao”. Cogió galletas, y se alegró de la vuelta de Chuchi, al que acudió a visitar a su pequeña habitación, y de paso a probar las verdes hierbas adquiridas a precio de costo a un vecino de la residencia. Por la noche, ya en el parque adyacente, recibimos el aviso de Cristina de que llegaría muy prontamente al día siguiente.

Una vez despertó Cristina, nos fuimos al lago. Impresionante remanso de agua dulce, cuya superficie oscura rompían una y otra vez embarcaciones de todo tipo. Bordeamos el Alster, pasamos por debajo de la vía del tren, y contemplamos el perfil de históricos edificios por encima del agua, donde un surtidor lanzaba hacia arriba un chorro grande y fuerte, seguro de sí mismo, seguro de que nadie acabaría con él, sabedor de su superioridad frente a la débil piedra que se reflejaba unos metros más abajo, su belleza natural, que no podían afear un nutrido grupo de grúas que se dibujaban por detrás, junto a las iglesias derruidas de Alemania.

Atardecía, y fuimos a Sternchanze, uno de los barrios de fiesta, donde disfrutamos de unas ricas Pilsner y Weissbier sentados en unas mugrientas escaleras, mientras algunos mendigos pasaban a nuestro lado coleccionando los recipientes vacíos para devolverlos al kiosko de donde procedían. Nuestro siguiente destino fue la Reeperbahn Strasse, en el barrio de mala reputación de St. Pauli, en la busca de las “amigas” de Chuchi (aunque se empeñaba en desmentir en todo momento eso de que fueran sus amigas). Encontramos algunos bares curiosos, dignos de nuestra presencia, pero ni rastro de las hembras que buscábamos.

Al día siguiente, viernes, fuimos al Kunsthalle, la sala del arte, de Hamburgo. Mientras Cristina buscaba los barcos de Fiedrich, nosotros tres recorríamos salas con una muy particular concepción del arte: Dibujos Manga, pornografía, vídeos surrealistas (excelente la película de Bjorn Melhus en la que interpretaba a todos los personajes, y que como únicos diálogos estaban cortes sonoros de distintas películas, canciones, entrevistas, entre ellas Jim Morrison y Janis Joplin, un baile disfrazado de pitufo cantando Marilyn Monroe...), Andy Warhol... y unos cuantos modernistas escondidos en alguna sala, como Munch, Klee, Ernst...

Cuando salimos del museo estaba lloviendo, bastante. Regresamos a la residencia, dejó de llover, dispuestos a salir de fiesta, pasara lo que pasara. Aquella mañana habían regresado Eli y Silvia (el homosexual de Cádiz y la italiana neurótica que estaba enamorada y liada con él) de su viaje por Finlandia, trayendo material de ese animalito llamado Moomin. Nos anunciaron varias fiestas programadas para esa noche. Anduvimos a la zaga de aquellas fiestas, pero nunca las pudimos alcanzar, así que encaminamos nuestros pasos directamente hacia la versión hamburguesa del Barrio Rojo: Reeperbahn. Allí, en un bar llamado Molotov, conocimos a la famosa gallega, la tal Sara, enamorada de un baterista alemán. Y ya, cuando la noche había llegado a su culmen, en una discoteca semejante al Pepers, el cielo se resquebrajó.

El rey océano surgió por encima de las nubes, y se reivindicó a sí mismo: “I am the water”. Las nubes negras estaban confundidas en la noche, y comenzó a llover, fuerte, mucho más que unos días atrás en los antiguos territorios flamencos. Purificando aquella Sodoma, anegándola en una cascada de agua, el dios de las tempestades se mostró inclemente con todos los mortales por igual. Y así, después de llevar un par de horas en aquel antro, pensamos que quizá nunca dejaría de llover, y sin ningún tipo de protección, nos precipitamos al interior del temporal. Corrimos por la calle, únicos seres que no esperaban pacientes a que la tormenta amainase, sobre nosotros los neones que anunciaban infinitos placeres sexuales y etílicos, a diestro y siniestro personas paradas bajo portales y toldos, temerosos de perturbar al irascible Señor de las tormentas.

No pudimos por menos que poner a secar nuestras ropas mientras disfrutábamos del calor del edredón y la dureza del suelo para descansar. A las 2 de la tarde dejó de llover, y poco después realizamos una barbacoa en los aledaños de la residencia. Muchos charcos en el suelo traían ecos del pasado, no solo de la tormenta del día anterior, sino también de todo un año en aquel lugar que ahora tocaba a su fin, emitiendo una sensación de tristeza, de nostalgia, todo eso que está contenido en el agua y que de cuando en cuando nos golpea en el recuerdo. Maite la de Bilbao (Chuchi decía que era una gorrona), la portuguesa Mariana (la única que Chuchi recordaba con cierta simpatía), la Sarinha, la gente de la residencia, todos se iban, nosotros mismos nos íbamos al día siguiente, volvería a quedar todo vacío, y las huellas de esas personas se borrarían de aquel lugar, nadie que vuelva allí sería capaz de ver lo ocurrido, de intuir siquiera lo ocurrido una semana atrás. La nostalgia volvió a precipitar, en efecto, cuando nos despedimos de los dos últimos residentes, Eli y Silvia. Camino del aeropuerto en un taxi de color negro, observamos cómo aquellas dos personas empequeñecían mientras seguían allí, de pie en la calle, hasta que desaparecían de nuestra vista al tocer el automóvil y entrar en otra calle, distinta, pero siempre cubierta de lluvia.

sábado, agosto 13, 2005

The Water I


Ahora que veo aquellos días en la distancia de mi memoria, ahora que ya no está nublado y que en los cristales de mis gafas no hay una multitud de gotitas de agua que rompen la definición de los contornos, ahora puedo relatar lo acontecido en aquellos últimos diez días de Julio.

I – El turista accidental (1ª parte)

El día 23 de Julio Diego y su gallardo y alto compañero de viajes fueron llevados al aeropuerto Madrid-Barajas por el padre del primero. Gracias a la ausencia de buenas carreteras y al estupendo atasco que cada día saca del tedio (y de quicio) a miles de conductores en la capital, llegamos justos al aeropuerto para facturar y embarcar, sin necesidad de hacer esas largas y molestas esperas sentados en alguna silla. Fila 23, asientos D y E (pasillo y centro). Cuando ya estamos sentados, aparece un tipo joven con aparato en los dientes, gorra de rapero, se sitúa justo a nuestro lado, abre una mochila y tira sobre el asiento vacío que da a la ventana una enorme bolsa de patatas fritas. Como todavía debían quedar trozos sin pulverizar, tira sobre ésta una botella de horchata, y termina tirando una bolsa que contiene algo así como un chorizo. El tío pasa por delante de Diego, y en ese momento una chica que estaba justo detrás de él le hace notar que se había equivocado. En efecto, aquel personaje, teniendo fila 24 asiento A, se había puesto en el 23 F (curiosa coincidencia), así que empieza a recoger, y de paso riega todo el asiento y a nosotros mismos con unas alegres gotas de horchata que salían directamente de la botella, mal cerrada. La mujer pide desesperadamente algo para limpiar el asiento, Diego le cede un clínex, y mientras limpia, aparece el turista con un rollo de papel higiénico diciedo: “Señora, señora...señora....señora, señora, señora...”, se da por vencido y corre a sentarse en su lugar.

Una vez sentados todos sobre nuestros asientos de horchata, el avión despega, y comienza a hacer como cambios de rasante, arriba y abajo, hasta que después de un rato se calma. De pronto entramos en una inmensa nube blanca, que nos acompaña hasta el final, cuando el avión comienza a descender, y vemos por fin una tierra verde, plana, con algunas carreteras grandes y casitas bien cuidadas. Habíamos llegado a Holanda. Así que el avión se dispone a aterrizar, y justo cuando va a tocar tierra, ¡pam! Hostión contra el suelo, todas las personas saltan y una de las carcasas que sujeta altavoces y luces se cae y queda colgando por un par de cables justo encima de la cabeza de un tipo, que vocifera: “Fucking shit! Hostia, fucking shit! Is this normal?! It’s no normal”.”No, it’s no normal – dice la azafata que comienza a arreglar el chisme” “Are there pilots there?!!” “Yes, there are two pilots – explica la azafata” “Are they dump pilots??!! – termina berreando aquel turista, que resulta que era un español casado con una rubia nórdica, y que además tenían una hija de un año o dos”. “Señores, bienvenidos a Ámsterdam, pueden recoger su equipaje 300 metros más atrás – bromeaba Diego, ahora que el peligro había pasado”.

Habíamos llegado al aeropuerto de Schiphol, a 15 Km de la capital. Fuimos a por las maletas, y esperamos durante un rato, hasta que nos dimos cuenta de que nuestras maletas salían en otra sala. Llegamos justos para recoger la de Diego antes de que entrara de nuevo en el tunel de los horrores, comprobamos el enorme golpe que había recibido en un lateral, y esperamos a la mía. Y esperamos, y esperamos, y salieron unas nuevas maletas de un nuevo vuelo procedente de Barcelona, y seguíamos esperando, y sin aparecer mi maleta, hasta que nos dimos cuenta de que la habían perdido. Habían perdido mi maleta, y yo iba con una camiseta corta, pantalón corto, sandalias, manchado de horchata, en una ciudad que estaba a 17 º C y nublada con probabilidad alta de precipitación. Genial. Fuimos a reclamar la desaparición de la maleta, e indicamos dónde tendrían que llevarla si aparecía (a esas alturas ya creía que podía habérsela llevado incluso nuestro particular turista accidental). Pero lo importante es que estábamos en Ámsterdam, por fin en Ámsterdam.

II a – La Venecia del Norte

Así es como ha llegado a ser llamada esta cosmopolita ciudad, merced a sus innumerables canales. Su cuidado perfil arquitectónico no hace sino confirmar este nombre, perfil que es una constante en toda la urbe (por lo menos en el Centrum). Multitud de bicicletas se agolpan en las verjas de hierro, o en grandes superficies que utilizan como aparcamientos. Y no solo se agolpan, sino que paralelamente a los carriles de los tranvías y del tráfico rodado circulan cientos de personas sobre este medio de transporte tan bohemio, y nadie queda excluido de transitar en bicicleta, niños, adultos, mayores, negros, blancos, amarillos, hombres, mujeres... Porque también Ámsterdam es un barrizal multicultural y multirracial, personas de todo el mundo confluyen aquí, y nada destaca por encima o por debajo del resto, cualquiera puede plantarse en medio de una plaza a tocar música, a hacer malabares, o a invocar a los espíritus de la lluvia. Allí todo es posible, lo de menos es de dónde eres, más que nada porque esa ciudad está tomada por los turistas, ¿dónde están los holandeses? Pocos eran los que se veían, todo el mundo hablaba en diferentes lenguas, es como una torre de Babel. ¿Alguien sabe cuál es el gentilicio de Ámsterdam? Habitantes del mundo.

...y nada más salir de la estación central (Centraal Station), una ingente cantidad de tranvías te trasladan a cualquier lugar del centro. Si tomas las líneas 1, 2, o 5, te llevarán hasta la plaza del Dam, de allí irán hacia Köningsplein pasando por Spui, para enfilar Leidsestraat, y cruzando dos canales (Keizensgracht y Prinzensgracht) llega por fin a la animada plaza de Leidseplein. Justo tomando la primera calle a la derecha, Marnixstraat, se puede llegar al pequeño hotel Freeland en el que ustede...

Alojados en un cómodo y barato hotel (quién lo diría en una ciudad como esta, verdad?), esperamos un par de horas a que hiciera su aparición Chuchi. Y cuando llegó, no lo hizo solo, pues poco después nos encontramos con Davis y Mariajo. Juntos los cinco caminamos por la ciudad, nos entrevistaron dos guapas muchachas sobre lo que nos parecía Ámsterdam (y en un “top three” de ciudades pusimos Salamanca primero, después de haber dudado entre esta y Benavente), nos perdimos por sus calles, nos llegamos al Barrio rojo, centro del vicio y perversión de todo el norte de Europa, en fin... En los días posteriores se marcharon Davis y Mariajo, y regresaron a Colonia, vimos el Amstel, gran canal o río que pasa por la ciudad, me devolvieron la maleta, visitamos el Rijksmuseum, el mercado de las flores (que tanto se empeñaron en ver Chuchi y Diego...en realidad me empeñé yo, pero bueno, al fin y al cabo soy yo el cronista de esta historia), incluso quedamos un día con Toro, que decidió pasarse por allí (ya que estaba recogiendo tulipanes por aquellas tierras y pernoctaba en un camping en alguna población cercana a Ámsterdam), pero desgraciadamente llegó sin móvil (sin saldo en el móvil), así que nosotros no le vimos (poco después nos enteraríamos de que pasó todo el día drogándose en un coffe-shop), en fin...

Y llovió. Llovió mucho, fuerte, por fin el agua se impuso sobre la luz, el agua que hace realidad nuestros sueños. Por suerte ya para entonces disponía de mi maleta, con lo que devolví a Diego su camiseta, pantalón, y zapatillas agujereadas, y pude protegerme de la lluvia con un impermeable propio, porque el agua nos purifica, pero es una putada que te caiga encima cuando vas por la calle.

II b – En la nube

Recuerdo ahora (¿es acaso posible recordar eso?) el primer día de nuestra estancia, más bien la primera noche, en la que entramos en algunos coffe-shop del Barrio rojo. En cuanto probamos una de aquellas humeantes hierbas, nuestras piernas se hicieron agua, o algodón, no sé, era algo como esponjoso, flexible. Entonces es cuando me di cuenta de que las canciones aquellas de Reggaetton que nos estaban poniendo tenían en común el sonido de disparos de pistolas. Podíamos hablar de todos los temas, desde música hasta existencialismo, pasando por los viejos tiempos o el fútbol. Y cuando salimos, nos montamos en la nube, y recorrimos todo Ámsterdam, y la nube iba sola, y nosotros solo reíamos dentro de ella. A veces teníamos que parar para consultar un mapa, pero estaban al revés, o era la nube la que nos había puesto bocabajo, el caso es que el norte era sur, y el este era el aquello, y el ese se vengaba de su ausencia en los puntos cardinales apareciendo varias veces seguidas en las palabras neerlandesas, y se juntaba con los kas y jotas, quién diría que tenía alguna relación con los bailes maños, y allí estaba el rey océano y decía “I am the water” y entonces venía un tío a vendernos coca y viagras pero no podíamos parar, porque la nube había cogido velocidad y dejábamos atrás puentes de luces y canales de humo y el agua brotaba de labios de bocas de caras de personas que iban en bicicleta haciendo sonar su ringring, nada podía detenernos, hasta que llegamos al hotel, y subimos las escaleras, que eran altísimas, hasta el tercer piso, y nos dormimos en dos camas, había dos que tenían que compartirla, pero a esas alturas poco importaba pues nadie iba a hacer nada más que dormir dormir dormir después de un día tan largo maletas perdidas y nubes tan veloces que dejaban a la luz muy atrás y se quedó tan atrás que terminó por alcanzarla el agua.

miércoles, agosto 10, 2005

Un par de recuerdos de Gadir

Aquí aparecen un par de fotos que ilustran esta semanita en Cadiz, un pandilla de simpaticos franceses, cuyos nombres y apellidos delatan como medio alemananes: Schaeffer, Dietemann, Yannick... en fin cosa más preciosa no se vió ni en el tesoro del rey Salomón. La otra ilustra el vínculo de Europa y el Rif a traves del humo de su rico, rico kifi.

lunes, agosto 08, 2005

Habemus Grifa

Así pude entonar este cántico al cielo el pasado sabado, cuando en medio de una marubunta de gente (unas 220.000personas) encontré al único picha de Cadiz que tenía grifa para dar y tomar...y vaya grifa...calidad, cantidad, y aliño en la playa al calor de las barbacoas y pinchitos de los hinchas del Cadiz. Aunque había perdido media hora antes el Trofeo Ramón de Carranza 1-3 frente al puto Barça( equipo de jodidos catalanes roba archivos), resultado que sorprendentemente pronostico Anaïs cuando el Cadiz ganaba por un gol. Mala uva tiene la jodia, cagon sos.
Mañana tomaré la Rua de la Plata hasta Salamanca (bus), llegaré a las 1 de la mañana y si algún alma candida está dispuesta que me vaya a buscar y nos vamos al Utopia a remojar el corazón en zumito de cebada.
Y así me despido de esta bonita ciudad que pudo ser un marco perfecto para una historia de amor.

viernes, agosto 05, 2005


de vuelta de una visita agridulce en el Sur. visita-despedida imprescindible por el museo picasso y del teatro romano con el fondo de la Alcazaba, la ciudadela árabe al fondo.
mudanza, paqueteo...y regreso por sevilla.parada a ver el giraldillo (aún de retoques) y vuelta al coche. subida por la media fanega, donde la inversion europea transformó un puerto donde las bestias sólo podían subir con media fanega en una suave y comoda loma donde no se baja de los 120.
bocadillo de queso en bar de carretera y vuelta al carro metálico.
monotnonía por la siberia extremeña hasta el norte, puerto de bejar...
........no sé qué tiene el Sur....

martes, agosto 02, 2005

La Tacita de Plata

Me encuentro en en un cyber frente a la playita y flanqueado por extrañas camistas aztecas/mexicas que me recuerdan a mi asignaturas de historia de america... pero esa no es la cuestión. Trás pasar día y medio en la trimilenario ciudad que narrara Valeyo Paterculo me he impreganado del salitre y del espiritu que baña estas kilometricas playas de Gades.
Gadir, de padres tirios y madre tartesa fue fundada, segun la tradición 80 años despues de la guerra de Troya, contienda en la que participó el eponimo guerrero que da nombre a nuestro blog, el celeberrimo Odiseo, Ulises...o Nadie. Es posible que se adentrase en el santuario de Melqart antes de arribar al Tormes, quien sabe...Los que si llegaron a este magnifico puerto fueron los ingleses al mando de mi entrañabale sir Walter Raleigh, aya por el año 1605 o por ahi. Tambien llegaron franceses...pero esos se quedaron en Trafalgar. hasta ahora que llegaran e invadiran mi humilde morada frente al espumoso ponto gaditano. Pero esta vez no los recibiremos a cañonazos sino al son de Chambao y al descubrir el cuello de una refrescante Cruzcampo.
No hay nada mejor, pienso yo, que la "tombe de soleil" frente al castillo defensor de la tacita con un humeante en la mano... Que diría Argantonio, rey de Tartesos al ver convertida el extremo de si reino, en la patria del CAI ya es de primera??? ¡Lo siento Picha , no to er mundo pue estar en Cai!

sábado, julio 30, 2005

Lancia: el estrato relato IV


La era está preparada para la gloria, allí donde antes pacían las vacas se dan cita ahora los luchadores para alzarse con la gloria o hundirse en el oprobio...con tan sabias palabras del tio Fulgen doy por terminada mi trabajo en la ciudad astur-romana de Lancia. Valentisima civitas de Floro... Me doy por satisfecho con la estancia puesto que he aprendido, me he divertido y me alejado del mundanal ruido de la urbe.
Estos últimos dias han estado salpicados de curiosas connotaciones como el inesperado alojamiento del equipo nacional de Cuba en mi residencia, la llegada de un compañero palestino llamado Loai, al que ciertas personicas insistían en llamar Lolai... en fin. Un cúmulo de pequeños detalles maravillosos que ayudan a sostener aún más el recuerdo de la Lancia romana en mi recuerdo.

Aun que parezca raro también he visitado León, ya que me alojaba en la centrica calle Don Pelayo y no me quedaba más remedio. Es dificil describir con vanales adjetivos la emoción que sentí al ver el relicario de los huesos de San Isidoro de Sevilla y del primer rey del reino astur leones, (aunque ciertos astures estabán en los comienzos de nuestra era más vinculados a los putos vacceos pucelanos). A fin de cuentas de Lancia saco algo más que un hombro dolorido, ropa sucia y un certificado. Experiencia y la cara roja.

miércoles, julio 27, 2005

Aus HH mit Liebe


Ayer a la 1:15 de la noche llegamos a Hamburgo. Resulta que Chuchi había sacado un solo billete para volver a Alemania desde Amsterdam en autobús, a las 23:30 h, un viaje que finalizaba a hacia las 7:00 de la mañana del día siguiente. Cuando Diego y yo quisimos comprar los billetes de vuelta, todas las plazas se habían ocupado, así que tuvimos que recurrir al tren, un medio de transporte que no usaba desde hacía muchos años. A consecuencia de ello, Diego y yo llegaríamos unas seis horas antes que Chuchi, así que nos apropiamos de su llave maestra (con su consentimiento), y aún a riesgo de violar alguna de las innumerables leyes alemanas sobre Allanamientos de Morada, entramos en su habitación a nuestra llegada, dispuestos a rendirnos sumisos al sueño que comenzó a apoderarse de nosotros en el trayecto de Duisburg a Hamburg Hbf.

Amsterdam, la Venecia del norte. Una ciudad cruzada de canales, silueteada por las fachadas de sus antiguas casas, altas y estrechas, casas por las que alguna vez pasaron Rembrandt o Vermeer o cualquiera de los pintores flamencos que exhiben tan orgullosamente en el Rijksmuseum de la ciudad. Amsterdam, una ciudad que se presenta al mundo como adalid de la libertad y el vanguardismo, al tiempo que exhibe sus calles seguras, sin tráfico, sin policía, sin problemas, ni siquiera un sábado por la noche por las laberínticas calles del Barrio Rojo.

El Diego iba a lo que iba. A ver Rembrandt. Y aparte del arte pictórico, no podíamos marcharnos sin visitar, comprar en, y degustar en los famosos cofeeshop de Amsterdam. Si no era porque estábamos cansados, era porque llovía. Porque esa era otra, se puso a llover, y oye! un día entero calados hasta los huesos, defendidos del agua tan solo por extraños ponchos transparentes.

También estuvimos con Davis y Mariajo, me perdieron la maleta los del aeropuerto durante un día, un turista nos tiró horchata encima, nos perdimos en Amsterdam por la noche, nos hicieron una encuesta dos guapas holandesas sobre lo que nos parecía la ciudad...pero todo esto son otras historias que ya contaré cuando tenga tiempo. Saludos cósmicos (de parte de Diego y Chuchi).

lunes, julio 25, 2005

Lancia: el estrato foto III




Ole los cojones del Chopo y El Yunque, asi reza el titular de El Mundo edición leonesa, refiriendose al apasionante combate de lucha leonesa en el que "zumbaron hostias por todos lados" como dice el Navalón de aquí, un tal Fulgencio ( no Batista, pero igual de cafre Al ajo.
Como se dice que una imagen vale más que mil palabras, aqui os ilustro con unas instantaneas de nuestro agotador trabajo subiendo castros, visitando yacimientos y bañandonos en la piscina de Mansilla de las Mulas antes de deleitarnos con los jugosos macarrones de casa Manolo, establecimiento que si cuenta con dos tenedores en su fachada es porque se los han pintado ellos.
Me habría gustado incluir algun retrato de mis compañeros, en especial el de uno que atiende al nombre de Muerto, que va armado con una navaja y un zapapico y lleva tatuado en el brazo izquierdo un emblema heraldico con el símbolo de las Brigadas Internacionales (a pesar de haber pertenecido dos años al ejército profesional español)
Las visitas de ayer fueron a Arrabalde, donde se encontró un famoso tesoro, a Petabonium, que fue sede de la Legio X Gemina y el Ala II Flavia, aqui me vestí de romano pero no tengo foto...ya me la pasarán. y a un sinfín de Aulas Arqueológicas diseminadas por toda Zamora.
Bueno, no voy a emponzoñar este mensaje con lírica o sea que os gusten las fotos.

viernes, julio 22, 2005

The Light

Siempre es lo mismo. Al final del túnel, la luz. Al final de la estancia, la nostalgia, ahí queda la promesa del retorno. Aves migratorias, repiten su itinerario año tras año, pasan por los mismos lugares siempre durante la misma época. ¿Sienten nostalgia? Yo soy el ave. Al final del túnel, la luz... oy el ave. Al final del túnel la luz... el ave. Al final del túnel...
La luz me ciega. Siempre es lo mismo. Tras cuatro kilómetros de casi completa oscuridad (no en vano lo llaman el Negrón), el súbito resplandor de la superficie hiere mis pupilas, y éstas se contraen (puro reflejo), se cierran rápidamente, pues dentro del túnel se habían abierto todo lo que podían abrirse, buscando un fotón que llevarse a la retina. Y un segundo después, recobras la visión, es sorprendente la sensación de entrar en el Principado de Asturias, es otro mundo, una bruma pegada a las montañas difumina los duros rayos del sol (entonces te das cuenta de que ese súbito resplandor no es más que una leve claridad comparada con lo que habías dejado antes de entrar en el vientre de la gran montaña), el verde se superpone al gris que se superpone al azul que se superpone sobre la mano del hombre, una mano intangible, inasible, sin embargo se ven construcciones levantadas por esa mano, el propio asfalto que amputa los montes no daña al paisaje, no hiere ese paraíso natural, nadie puede, es Gaia, a Gaia sólo la puede el agotamiento entrópico del universo.
- ¿Te pasa? ¿El tequila te pasa?
- Eh...yo creo que me pasa.
- Que si te gusta... Tú no eres de aquí, ¿verdad?
- No, soy de Salamanca. Y sí, el tequila está suave.
La persona que tan locuaz se mostraba aquella noche es Socorro, una gorda mexicana que tiene una tienda de ropa en Ribadesella. Aquella es una de las noches más surrealistas que he vivido en Asturias. Resulta que fui invitado a un cumpleaños de la prima de una amiga de mi amiga Laura. Laura es la primera amiga que tengo en Ribadesella, la conocí este año en una de esas sesiones claustrales en las que el rector nos aburre durante horas hablando de presupuestos. Laura Aramburu, una pura contradicción, a pesar de su apellido es asturiana, sus padres tienen una carnicería pero ella es vegetariana, su tío Basilio da nombre y color a una sidra destilada en Arriondas, y sin embargo a ella no le gusta la sidra. Y como quien no quiere la cosa, me vi acoplado a un extraño cumpleaños celebrado en una aldea cuyo nombre no figura en los mapas, Meluerda, al lado de Collera, a 3 kilómetros de Ribadesella.
En un antiguo establo de una casa rural nos encontrábamos la cumpleañera, de nombre Anais (sí, Txutxi, sí, se llama Anais, y no es francesa, es de Ribadesella), una guapa muchacha que trabaja en la tienda de ropa de la mexicana, un amigo “íntimo” de la chica llamado Saúl, la mexicana, su hija de dos años, un amigo del padre de la niña, también mexicano, que resulta que es el sobrino de la cantante (también mexicana) Talía, la prima de Anais, y su amiga, y el amigo de su amiga (osea, Laura y yo, aunque Laura también es amiga de la prima de su amiga, es decir, de Anais), la tía de Anais, también tía de su prima (de nombre Elena, me refiero a su prima, no a su tía) que había cocinado unas deliciosas salchichas, costillas de cerdo, y chorizos fritos (no os creáis que el cumpleaños era un botellón, era mucho mejor, comida y comida, al más puro estilo Fabada Litoral), otra amiga de Anais y su prima y Laura (¿adivinan? Mexicana también) llamada Marcela, y tres silenciosas chicas que creo que estaban allí porque conocían más a la mexicana por haber cuidado de su hija, que a la cumpleañera. Suena complicado, ¿verdad? Todo eso se riega con unos chorritos de tequila (una botella entera) y unos culines de sidra, limón de la huerta y una pizca de sal, se cuece a fuego lento con rancheras cantadas por mariachis y boleros de Luis Miguel, y ahí lo tenemos, un cumpleaños en el que lo que menos importaba era si conocías o no a la persona que celebraba la fiesta.
- ¡Échenle limón para que arda! – gritaba Socorro poco antes de irse.
- Socorro, no se te olvide el disco – le recordaba Saúl con sorna (es obvio que los discos de rancheras y de Luis Miguel eran propiedad de la mexicana).
- Y un poco de tequila para Salamanca – así es como pasé a ser conocido durante la noche y en días posteriores por un grupo de habitantes de Ribadesella, de origen español y mexicano.
- Pues a ver cómo bajáis mañana el Sella vosotros dos, no es bueno bajarlo con resaca
Y tampoco es bueno bajarlo con sol, ni con marea baja, ni con frío... Afortunadamente, el único inconveniente (por así decirlo) del descenso en canoa de la ría fue que la marea estaba bajando, y a veces encallábamos en las piedras. Nada que lamentar.

Al final del túnel, la luz. Al final del río, el descanso. Bajar el Sella en piragua es una de las experiencias más enriquecedoras espiritualmente que se pueden hacer. Es como cualquier reto que una persona se plantea, desprovisto de toda religiosidad, y sin embargo, se logra una fusión con el entorno, con el paraje, uno se vuelve verde, no me refiero a que te hagas grunge así de repente, es una metamorfosis para volverte parte de la naturaleza...hasta que ves colgados sobre los árboles que cuelgan sobre el río carteles que anuncian la proximidad de un chiringuito, y un atasco de canoas te hace desacelerar, parar el ritmo, entonces el entorno natural se transforma en playa de Torremolinos, y ves canoas con el padre, y la madre, y el niño sentado entre medias preguntando Cuándo llegamos Falta mucho y los hay que duermen la siesta sobre su pequeña barca de plástico, pero entonces aparecen peligrosas corrientes de agua que te arrastran rápidamente de forma redentora, tú solo (o con tu acompañante) contra la naturaleza, pero si eres condescendiente con ella, si tú no la dañas, ella no te hace daño a ti, es como si te pusieran a prueba, entonces el río se deja controlar (más bien la canoa, pero es sobre el agua que flota), dócilmente te estrellará contra una roca, pero hincas el remo en las piedras adyacentes, liberas la piragua, caes por los rápidos, y de pronto, vuelve todo a la tranquilidad, porque ya no oyes el bullicio de domingueros, porque has logrado controlar la canoa, has establecido la comunión con la naturaleza. Prueba superada.

Los graznidos de las gaviotas que proferían en sus vuelos rasos y la proliferación de hormigas aladas hacían presagiar una lluvia que se hacía de rogar. Y siguió igual, no cayó una sola gota de los saturados cielos, quizás porque no estén tan saturados como deberían, en cualquier caso sólo hubo una tormenta nocturna en los nueve días que allí estuve. Me cago en el cambio climático, y en la puta mano del hombre. Jodida mano, podía cerrarse en un puño y meterse por el culo del hombre, deberíamos tener el ano rojo de meternos las manos por el jodido culo, y aún cuando tuviéramos el puño en el ano, abrir la mano y desgajar tejidos del recto y de intestinos, deberíamos sacarnos las heces nosotros mismos con las manos, la jodida mano del hombre, maldito sea su cambio climático.
Dice mi madre que antes, hace años, no pasaban dos o tres días seguidos sin que lloviera, sin que un fino orballo te regara la cara. Ahora pueden pasar semanas, sobretodo en verano, sin que caiga una sola gota de agua.

Ni una sola gota de agua. Llego miércoles por la noche, ni una gota, jueves ni una gota, tampoco viernes, el sábado por la mañana llama Laura a una amiga de Gijón y nos cuenta que vendrá al día siguiente con sus padres y tres amigas suyas a bajar el Sella ni una gota de agua por la tarde me dice Laura que me invitan a un extraño cumpleaños de una prima de su amiga que también es amiga suya y ni una gota de agua el domingo viene Paula con sus padres y unas amigas suyas los graznidos de las gaviotas bajamos el Sella en piraguas de dos ocho personas cuatro canoas el vuelo raso el jueves volvió Paula a visitarnos a Ribadesella hormigas con alas en el suelo con gaviotas con alas en el cielo y agua con algas en el mar con alas en hormigas y gaviotas en el mar con algas que vuelan así y así y así y dan vueltas en el aire entre unas nubes que vienen de las montañas y desembocan en el mar y allí desaparecen se hacen trizas se extinguen en toda la superficie del cielo porque el cielo es una superficie muy pulida y muy fina y si no se cuida al final no llueve cuando tiene que llover Maldito Cambio Climático.

Paula y sus padres son de Gijón, con lo que inmediatamente te viene a la cabeza un calificativo: rojos. Y no me equivocaba. A Paula, mi segunda amiga asturiana, la conocí en idénticas circunstancias que a Laura, todos compartimos militancia en la misma asociación. Sus padres son unos tipos curiosos, según me contó que le contaron a ella, conocieron al Subcomandante Marcos y a su primo en un viaje que hicieron a Gijón, en una época en la que todavía ellos no habían comenzado su lucha y en la que todavía España no había salido de una dictadura.
- Ese siempre ha sido un sinvergüenza – decía el padre de Paula refiriéndose a Pío Moa – el GRAPO era un montaje de la ultraderecha, o de la CIA, para desestabilizar la democracia. Cuando estuvo en la cárcel, siempre se dijo que era un topo, un infiltrado.
- ¿Te acuerdas – rememoraba la madre de Paula – que encima de nuestro piso conocimos a unos que al final eran de la ETA?
- Y aquella del GRAPO, pero le habían dado una...que no se le reconocía la cara. La policía nos lo dijo a nosotros, a nosotros directamente.
- Probina, pero tampoco podíamos decir nada.
Estacionados en una calita a orillas del río, descansamos una hora de la travesía por el lecho del Sella para comer y hablar de que los de la SER de Gijón son unos fachas porque la SER compró esa emisora a Radio Rato (cadena de radio de Rodrigo Rato), de todos los que pasaron de una activa militancia de izquierdas a una numantina defensa de los valores más conservadores y feudales (Piqué, Pilar del Castillo, Jiménez Losantos,...¿y Pío Moa? “Ese siempre fue un sinvergüenza”).

El resto de los días en Ribadesella se pierden en el murmullo de las olas cuando rompen en la playa, en los graznidos de las gaviotas a las que la mano del hombre ha engañado, en el bullicio de la calle los miércoles día de mercado, en el eco de los pasos al caminar incansablemente en largos, interminables paseos (de casa a la Atalaya, de la Atalaya a Guía, de Guía a la Grúa, de la Grúa a la playa, vuelta a casa...), en conversaciones en el muelle...
...en el muelle está instalado un marino ruso, joven y rubio, que vende desde las típicas muñecas rusas que cuando las abres ves que hay otra idéntica en el interior, más pequeña, hasta viejas insignias soviéticas, efigies de Lenin, estrellas rojas... Un cartel dice: “Bergantín “Avos”, Capitán Valery Gladukov...” el cartel narra la historia del barco, que fue encontrado por el tal capitán en el 1989, recorrió toda Rusia por sus ríos, e inició un viaje hasta “Wietnam”, del que tuvo que regresar sin éxito ya que las tasas para desembarcar eran muy caras. Al lado del cartel hay un bote para donaciones, tiene dibujada una calavera, y debajo de ella, en vez de dos huesos cruzados como todo buen pirata, lo que se cruzan es una hoz y un martillo. El barco tampoco tiene desperdicio, en la proa un mascarón como una sirena, en la popa una especie de sombrilla de paja que parece sacada de un anuncio de Malibú, y a uno de los lados, una parrilla. En el interior, una mujer sostiene a un bebé en brazos...
...y así pasa el tiempo, mirando un puerto en el que ya no hay marineros que embarquen para ir a pescar, sólo unos cuantos barcos viejos amarrados, algún bergantín ruso mendigando, a lo lejos un moderno puerto deportivo, eso sí, para la jet set, pero los marineros hace tiempo que dejaron de hacerse a la mar, hace muchos años que la Lonja del Pescado cerró sus puertas, hace muchos años que no volvieron a sonar sus sirenas anunciando una nueva remesa de lenguado o de nécoras, tantos años como llevan graznando las gaviotas para que vuelva a llover como antes.

“ What
Makes a dream
So very different
From any other dream
Where is that
Straight line
That I can hold up
To the light
And say no!
This is not right
This does not
Stand up
In the light”

Hoy ha vuelto a cegarme la luz. Volví a cruzar el Negrón, el mismo trayecto, distinto sentido. Aves migratorias, soy el ave que regresa a su tierra. Salgo del túnel y la luz me ciega, tierras rojas de León, se pasan, quedan atrás, caigo sobre una alfombra amarilla e interminable, el sol abrasa. La luz vuelve a cegar, esa delgada línea que separa un sueño de otro sueño muy diferente. Siempre es lo mismo.

jueves, julio 21, 2005

Lancia: el estrato-relato II

Hablemos del trabajo. Cuenta la leyenda que los dioses griegos pensaron en someter a Sísifo al más cruel de los sufrimientos: el trabajo inutil e infructuoso durante toda la eternidad; pus bien al paso de un par de días en Lancia me encuentro sumergido en la Unidad Estratigráfica 917 en la que aparte de varias esquirlas de huesos, toneladas de tierra y un derrumbe milenario, he de luchar contra un agobiante calor y los ritmos de reaggetoun provenientes del movil de un compañero de 17 años con pinta de Carlos Baute.

Aún así me encuentro a gusto en el Decumanus de tan ilustre ciudad, cuando llegamos aqui un director nos dijo que teniamos que "hacer la calle" y asi es, estamos picando una zona de derrumbre entre un muro y un mercado que constituiría el ancho de una calle romana. Fascinante verdad.
Mis compañeros y yo intentamos vencer la sensación de cansancio con la sensación del aspero pico entre las manos y el robotar de su filo contra las piedas. Un cansancio que debería mitigar el dejar de salir por la noche hasta las 3 cuando debemos levantarnos a las 6:45.... pero es que el destino nos atrae, por ejemplo, el último día sorprendentemente aparecimos en el bar Agamenon, que como recordamos fue rey de Micenas y Argos y el lider de la facción griega en la que combatía Ulises...Esto es un bonito juego del destino, nunca sabemos que ayaremos metro de tierra más abajo u hora más tarde en nuestro nocturno devenir.

lunes, julio 18, 2005

PARADA y fonda.

La tarde se planteaba interesante y no defraudó.
A eso de las 4 Alberto (compañero de clase y de aventuras) me recogió, para posteriormente llegar a la morada de las dulces y esbeltas guanches, sin que se dieran por aludidas. Decidimos partir sin compañía fémenina (muy a nuestro pesar). Por mares de trigo recién segado, llegamos a Parada de Rubiales, donde Valentín nos esperaba con los brazos abiertos.
Recalamos en el bar del pueblo, donde el "glorioso" sabedor taurino, Navalón, a modo de grafiti, había pintado la noble figura del animal de lidia, retozando debajo de una enciana, con una inscripción que decía (literal) "biba parada y su tabernera" (gloriosa inspiración etílica). Tras una charla amigable con el padre de nuestro anfitrión y un amigo de Alberto y el mismo, fuimos a degustar unos caldos caseros a la bodega de Valentín. El uno era blanco y de noble cuerpo con tono rojizo, mientras el otro, tinto, de un dulce engalñoso. Todo bien acompañado de un esquisito chorizo. Bodega de 500 años de atigüedad, con posters de Lorca y feminas con la equipación de futbol de países europeos, CCCP incluida. Historias hubo muchas, sobretodo de los oriundos del lugar, de vecinos que penetraban perros, u otros que con garrote en mano firmaban contratos, dignos relatos de ser escuchados de la boca complice de Valentín.
Tras dejar la buena compañia de nuestro amigo volvimos a Salamanca, no sin antes prarar en "El Monte", bar de reseña de los habitantes de Parada. Los mitos sobre su tabernera y los vasos por los que no pasaba la luz de la mierda, resultaron ser ciertos. En sus paredes habia fotos de la Schifer en bikiny saliendo del mar que mira ba al Sagrado Corazón del calendario de enfrente, o figurillas de ranas, tortugas, algún que otro lobo disecado, y entre tanto animal Super Mario, espositor conocido en leguas a la redonda, según pudimos saber.
Todo acabó con un, nos veremos más tiempo, y una promesa de salir de fiesta. El tiempo dirá.

Lancia: el estrato-relato I

He estado dandole vueltas a algunes reflexiones que rondaban mi mente sobre como empezar esta nuevas serie que, a la vez que será publicada en este blog, aparecerá en la contraportada de periodicos como el Diario 16, el Ajo Blanco y el Granma. He decidido desechar las cuestiones puramente relacionadas con la filosofia de la ciencia y el paradigma de Kuhn, asi que opto por analizar estos primeros momentos en León, ya que si los dejo en el tintero se iran diluyendo en el agua sucia de mi memoria. Pues bien, quisiera antes recordar que no estoy ni en una obra, ni en un campo de trabajo, estoy en un yacimiento arqueológico... En uno particularmente especial, Lancia. Este nombre no responde a ninguna marca de automoviles sino al nombre de una de las optimae civitas narradas por Floro. Puede asemejarse a la Numancia soriana y a la anatólica troya, ya que resitió, con una coalición de astures y cantabros, incontables días a los ejércitos romanos conducidos por Publio Carisio, hasta que los del Benavente de la época traicionaron a la indigena alianza. Este es pues, mi lugar de trabajo durante estos calurosos días.
Ayer conocí León, especificamente el casco viejo y algunas tabernas como el Casa Benito fundada en 1915 y declarada Establecimiento Tradicional Leones. También conocí el club Danzzatoria, cuyos requisitos de admisión ocupan un folio entero.(DIN A-4) Y por supuesto mi lugar de retiro y descanso: la residencia Miguel de Unamuno. Mis aposentos se componen de cama, servicio, armario, mesa y mesilla, aparte de un maravilloso balcón a un patio ajardinado que me ha cautuvado. A él bajo en compañia de mi compañero de viaje Ernest Hemingway reencarnado en uno de sus libors a sentarnos bajo la sombra de un peral y rodeados de violetas que cantan al sol sus olores de paz y amor. El patio es, verdaderamente, una residencia de los dioses(ademas la entrada esta adornada con un horrendo cuadro del rapto de Europa) digna de los mejores y más entrañables buscatesoros.
Esta mañana he salido de la residencia con las primeras luces del alba y sin querer una bandera republicana me ha dado los buenos dias desde el balcon de la sede de Izquierda Republicana. (en un día tan nefasto como este 18 de julio) el trabajo no ha sido ni duro ni gratificante, pero hemos almorzado bien, ya contaré como se desarrolla este punto. Hemos comido en un mesón acompañados de las discusiones sobre el reino astur leones de una pandilla de veteranos jugadores de mus, y de sus maldiciones y perjurios sobre Segovia y Soria (tan alejados de su soñada Arcadia leonesa)
Veamos que hago esta tarde, por ahora solo descansar. Y además recordar para los que minusvaloran en proceso de poner en relieve los testigos materiales de las sociedades que antecedieron a nuestra "parece que"civilización capitalista que "no escavamos piedras ni madera , sino hombres" y así parafraseo el terrible discurso del Marco Antonio de Shakespeare.
Un saludo desde Llïon.

viernes, julio 15, 2005

Reflejos Etílicos

Comienzo mi relato haciendo una reflexión sobre los pequeños placeres de la vida, esas pequeñas cosas que pueden hacer que un mismo momento sea concebido desde infinitos puntos de vista siempre dependiendo del sentimiento que se genera en el interior de las personas que lo viven. Como decía Unamuno: “piensa el sentimiento, siente el pensamiento…Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido” Y yo estoy de acuerdo con él. Todo esto viene a cuento de comenzar un explayo sobre lo acaecido entre las 10 de la noche de ayer y las 5 de la mañana de hoy, (hora a la que debo haber llegado a casa según mi madre) Pues bien el día de autos nos encontramos Garrote, Luis Poca y yo en nuestro habitual “lieux de rende-vous” el Utopia, extrañamente el Moreno se mostraba predispuesto a llevar una conversación razonable e incluso a respetar mi trabajo como arqueólogo. Muy diligentemente se ofreció a regalarme un pico, lo acepté gustosamente pero imponiendo una serie de condiciones, la primera es que el pico fuese marca Bellota, la segunda es que fuese tipo B y la tercera es que llevase mis iniciales ribeteadas en dorado en la empuñadura. Al llegar Rafa sostuvimos una conversación en la que analizamos el paso de la cultura musulmana desde Gib-al-Tarik, pasando por Al-mansur, el moro Mouza o el admirable rifeño Abd-el-Krim. La conversación derivó por extraños derroteros en un recuerdo a la controversia de Valladolid entre Ginés de Sepúlveda y fray Bartolomé de las Casas, asunto sin duda importante ya que volverá a aflorar en punto indeterminado de la noche. El siguiente stop en nuestro nocturno devenir fue en el Erasmus, donde encontramos mesas y a Laura, la amiga de Rafa, abrevamos en unas mal tiradas jarras de Judas y nos extasiamos con los placeres etílicos que nos rinde la cerveza belga. Volvimos como veis a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.

Y estando en tan buena compañía como la de Poca y Garrote casi conseguimos hacer que Juan dejase el piano para acercarse al embrujo de la espumosa. Con la razón ya velada, bajamos al Paniagua, y acto seguido con un tanque de cerveza de por medio nos alejamos del mundanal ruido del pop para digerir unas laconicos melodías de guitarra en la Plaza de Anaya entre guardias diligentes que no se alarmaron de mi intentona de destrozar un elefante de plástico. Nada de esto fue un error uooo uooo, nada de esto fue un error. Y de nuevo nos encontramos en La Imprenta en compañía ya solo de Poca y de dos mexicanos uno de los cuales habría pasado por el caló mas navajero de toda Sierra Morena, pero a pesar de ello vencimos los inexistentes prejuicios raciales para entablar de nuevo una conversación basada en cerveza, tequila sun raise y la mencionada controversia Lascasiana. Al batiburrillo transoceánico se sumó un pequeño japonés que sustituyó al Pino en su labor de ser el bajito del grupo (no te enfades pino que es broma…) y un par de alemanes de Colonia, que ni eran rubios ni olían a colonia. Así entre las veleidades del placebo etílico y las innumerables declaraciones de amor a vallisoletanas y músicos senegaleses la noche finalizó en una interminable peregrinación para arribar al tálamo vació que me esperaba en la habitación que mas me gusta de mi kelly.

miércoles, julio 13, 2005

Goodbye cruel world



Recuerdo ahora cierto escrito de Jodorowsky en el que se hacía eco de un extraño caso acaecido entre Inglaterra y Egipto, (y es de gran importancia recordar esta preposición: "entre"). Cuenta la leyenda, pero acaso sea verdad, pues este hecho no ha podido ser desmitificado (según las palabras del propio Jodorowsky), que cuando en Egipto murió Lord Carnavon, el mecenas que protegía al descubridor de la tumba de Tutankamón, la mascota de este lord (perteneciente a una de las innumerables razas caninas que "cultivan" con tanto mimo los ingleses, aparte de sus jardines con un césped verde, impoluto, y sin una mala hierba, claro), que se encontraba en las islas británicas, comenzó a ladrar, y no paró hasta que cayó muerta. Y termina diciendo: "Si la mente de un perro tiene el poder de viajar de Inglaterra a Egipto y enterarse de la muerte de su amo, ¿qué no podrá el cerebro humano?".

Este tipo de cosas (y estoy seguro de que todos conocemos más historias ambientadas en planos astrales y metafísicos) me hacen pensar en que los individuos deben compartir algún tipo de vínculo con sus semejantes, conformando lo que llamamos humanidad (y aquí cobraría todo su significado aquella frase del escritor John Donne, también inglés, que publiqué aquí a propósito de los atentados en Londres, en la que hablaba de la muerte de una parte de su ser cuando alguna persona abandonaba este mundo terrenal). Este tipo de vínculos espirituales pueden volverse tangibles cuando asistimos a ciertos actos que, por ejemplo, tienen su máxima expresión en ciertos sacramentos de la eucaristía, aunque en un plano mucho más elevado, creo que este "Ulises" nuestro logra una comunión de nuestras almas, y nos identifica a unos y otros con un ente que pulula por diferentes niveles de nuestro mundo. Es así como termino afirmando, y concluyo asímismo esta larga reflexión, que yo soy Ulises. Pero no sólo yo, aún estando en Hamburgo, Chuchi es Ulises. Y aquellos que volvieron hace tres días de Inglaterra son Ulises. Y Victor, aún cuando está en Málaga, es Ulises. Y Txutxi, y Diego, y Carreras, todos nosotros somos Ulises.

Y Ulises se va ahora. Emprende su particular Odisea, y su primera etapa le llevará al norte de España, la tierra en la que se mezclan el verde y el marrón con el gris de los cielos, una tierra abrupa y montañosa, lluviosa y en ocasiones fría, pero cálida en su corazón, en el corazón de todos su habitantes, una tierra de reconquista, de apariciones de vírgenes, de asturcones galopando salvajes por prados inclinados que comparten con vacas lecheras. Es también la tierra donde el Cantábrico golpea furioso sobre rocas y fósiles donde antiguas bestias del Jurásico dejaron sus huellas. Tierra negra de carbón, que extraen rudos trabajadores que en el año 34 se alzaron valientes formando la UHP para lograr una revolución que no pudo ser. Esta tierra, llamada el paraíso natural, es Asturias.

Termino aquí este breve elogio que podría haber firmado el mísmisimo Melendi, pues Ulises tiene que tomar un barco rumbo al Mar Cantábrico. Que la sabiduría de Atenea, y el viento que empuja Eolo, le lleven a buen puerto. Los dioses, una vez más, estarán con nosotros.